Series TV: El Ministerio del Tiempo

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Una vez más RTVE está dando muestras de su poderío y de su buen hacer con producciones como Isabel, Los misterios de Laura y, en este caso, El Ministerio del Tiempo, haciendo una buena labor como televisión pública, ya que no busca molestar, por lo general, sino que pretende que cualquier español que se enganche a alguna de ellas, pase un rato entretenido.

Los encargados de que este producto funcione han sido Paco y Javier Olivares, que vienen respaldados por las productoras Cliffhanger y Onza Partners. El elenco de actores no está nada mal y lo encabeza Rodolfo Sancho, al que acompañan Aura Garrido y Alonso Entrerríos. De los secundarios de lujo, entre otros, destaca Cayetana Guillén Cuervo y un valor seguro como Jaime Blanch.

La duración de los capítulos nos parece excesiva (70 minutos) y algunos momentos se alargan innecesariamente. Al tratarse de una serie basada en viajes en el tiempo es necesario prestar atención a su sentido del humor en relación a los anacronismos a nivel histórico. A nivel histórico, puede haber algún matiz con el que se pueda, más o menos coincidir (así por ejemplo, cuando se habla de la Inquisición absolutamente contraria a las virtudes que se defienden en los Evangelios, es preciso aclararlo, pues se olvida de comentar el rigor en su procedimiento judicial porque hay un caso que no aparece en la serie en la que un inquisidor demostró la inocencia de una persona falsamente acusada de brujería por parte de los envidiosos vecinos de un pueblo). Sin embargo, nos parece muy acertado cuando el director del Ministerio del Tiempo, interpretado por Jaime Blanch, comenta que su misión es la de preservar la memoria histórica y evitar que algunos quieran reescribir la Historia de España porque, al menos en apariencia, da la impresión de que sus guionistas piensan que la historia hay que interpretarla con cierta objetividad y sin cargas ideológicas. A nuestro juicio refleja el modo de pensar y de vivir de las diferentes épocas de la historia de nuestro país, buscando más lo que nos une que lo que nos separa. Observamos como el soldado de los tercios siempre da muestras de su fe en Dios, rezando, incluso, por los rivales caídos en combate. Amelia Folch proviene del siglo XIX y nos ha gustado la idea de mostrarla como una mujer  avanzada, pero no por eso carente de valores  y para quien son importantes las creencias, apareciendo como una mujer que allanó el camino para que otras pudieran acceder a profesiones reservadas a los hombres.  El tiempo actual es presentado como un momento de libertad  y de dificultad para afrontar los problemas, donde se hace algún que otro guiño a la ideología de género. Finalmente, el poder y el dinero aparecen como uno de los males del hombre desde el inicio de los tiempos.

Víctor Alvarado

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