Blanka. El otro modo del Lazarillo de Manila

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Blanka es una película sincera y trasparente que presenta la historia de amistad de un viejo músico callejero y una niña de la calle.

En medio de la miseria de los barrios pobres de Manila está historia de tonos veraces y luminosos cuenta como una ladrona en ciernes se convierte en una antorcha de luz en zonas de sombras.

El escritor y director japonés Kohki Hasei emprende su primer largometraje tras su experiencia en documentales, videos musicales y de moda. Para ello acude a un elenco de actores no profesionales encabezados por Peter (Millani) un músico callejero filipino de voz y pasado desgarrado. Junto a él Blanka, interpretada por Cydel Gabutero, la niña de 11 años protagonista de la historia, y un grupo numeroso de niños que nunca se habían puesto bajo las cámaras. Como director de fotografía Takeyuki Onishi logra dar a los colores amargos de la pobreza el brillo y el contraste de la infancia y la ingenuidad.
Blanka, pequeña huérfana, vive en Manila, como pícara moderna, de robar a los turistas y enfrentarse a la violencia de las calles donde la pobreza y la explotación sexual marcan a los niños. Allí conoce a un guitarrista ciego que malvive con sus cantos. Justos formarán una pareja artística y de vida trashumante. Blanka pretende formar un hogar y para ello está dispuesta a comprar una madre por la que ofrece hasta 30.000 pesos, fruto de sus ahorros.

El director en su corto “Godog” ya nos había mostrado la supervivencia de los niños en los basureros de la gran ciudad filipina. Pero no se decanta por la mirada oscura del también filipino Brillante Mendoza con la premiada en Cannes “Kinatay” (2009). Su propuesta quiere mostrar como en medio del desastre los niños vencen las dificultades haciendo así sobrevivir a la humanidad. Y con esta inspiración construye el personaje de Blanka, débil pero fuerte, ilusa pero con una enorme capacidad de salir flotando de la pruebas, inocente a la vez que lúcida para sortear las pruebas y encontrar una salida.

Blanka se sitúa más cerca de “Estación central del Brasil” (1998) de Walter Salles que de las versiones tradicionales de la picaresca a lo “Oliver Twist” (2005) de Roman Polanski. La realización de una paternidad y filiación adoptiva que contribuye a la salvación de ambos en medio de una situación de injusticia y explotación a la que el film no vuelve la cara pero si da la vuelta al superar la lógica de la marginación.

Realizada con medios sencillos ha recibido importantes galardones, como los premios Lanterna Magica y Sorriso Diverso en Venezia 2015 o el galardón a la mejor película en el Festival Internacional de Frigurgo. Con ellos esta película sobre la infancia maltratada se convierte en una propuesta sobre las elecciones de las personas y el valor de la familia para encontrar la salvación en medio del basurero.

Kohki Hasei nos aporta una visión de la denuncia frente a la explotación que cautiva al espectador en la medida en que profundiza en las capacidades del ser humano de vencer el destino marcado rescatando los mejores recursos del fondo del alma. Y plasticidad de la infancia saca la bondad detrás del maltrato y la relación de paternidad y filiación se convierte en la salida hacia adelante para hacer crecer la persona.

Peio Sánchez

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