15:17 Tren a París

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15:17 Tren a París regular

Público recomendado: adultos

Clint Eastwood nos presenta otra película basada en una historia reciente sobre personajes heroicos de la sociedad americana, casi como si cerrara una trilogía inaugurada con El francotirador y continuada con Sully. En esta ocasión, sin embargo, Eastwood ha dado un paso más allá en su homenaje a estos héroes de la vida real, dándoles la posibilidad de interpretarse a sí mismos en pantalla. El resultado invita a pensar que les hubiera hecho un mejor servicio buscando a actores profesionales.

Spencer, Alek y Anthony se conocen de niños en un colegio cristiano, y desde entonces comparten su afición por el mundo militar. Ya de adultos, entran en el ejército y deciden realizar un viaje juntos por Europa. En el tren entre Amsterdam y París se encontrarán con una situación de máximo riesgo en la que deberán poner en práctica todo para lo que se han preparado.

Es evidente que esta película nace por el interés de Eastwood en la situación real vivida en el tren Amsterdam-París, en que tres jóvenes marines americanos, junto con otros pasajeros, evitaron una masacre al enfrentarse a un terrorista que iba fuertemente armado. El problema es que la reconstrucción de los hechos ocupa apenas unos 15 minutos de metraje, y da la sensación de que el resto de la película es un relleno, que los autores no han sido capaces de sacar una historia completa alrededor de la circunstancia del tren.

Es cierto que Eastwood sí vertebra toda la película alrededor de una idea: la predestinación, los caminos de la providencia que hacen que estos tres muchachos estén en el sitio correcto en el momento adecuado. Esta idea se sustenta en la fe del personaje principal, Spencer, que convierte la conocida como oración de San Francisco en su leit motif vital, pidiendo a Dios que lo convierta en un instrumento de paz y amor. A lo largo de la película se nos subraya (de un modo demasiado poco sutil) que estos jóvenes están predeterminados para algo grande, y que cada pequeña decisión que toman, cada aprendizaje o experiencia, les hace estar en las condiciones adecuadas para llevar a cabo el acto heroico que les esperaba en su futuro.

Sin embargo, esa idea es demasiado poco para sostener toda una película, y además el propio Eastwood se pierde a lo largo del camino. Tras un primer acto aceptable sobre la infancia de los protagonistas, asistimos a un segundo tramo totalmente desnortado, en que seguimos a los tres amigos por sus diferentes caminos en el ejército, y después en su viaje por Europa. Estos 45 minutos pueden constituir el peor tramo de cine jamás filmado por Eastwood, mezclando una apuesta por un estilo visual documentalista (rozando por momentos el reportaje televisivo sobre viajes) con un guion demasiado convencional que no encaja con la pretendida frescura. A eso se añade la interpretación de los personajes reales, que defienden dignamente sus papeles, pero a los que se nota demasiado que no son actores profesionales.

Finalmente, la película nos ofrece al fin una gran secuencia en la reconstrucción del atentado frustrado, repleta de suspense y emoción. Pero como se ha señalado, es demasiado poco y demasiado tarde.

A pesar de contener, pues, algunas ideas interesantes y una gran secuencia de thriller como final, la película en su conjunto es claramente deficiente, posiblemente la más floja de la carrera de Eastwood como director.

 

Federico Alba