Maria by Callas

Maria by Callas buena

Público recomendado: adultos

Nos llega un nuevo documental sobre una figura artística de primer orden: María Callas, la cantante de ópera greco-norteamericana popularísima en los cincuenta y los sesenta del siglo pasado y tempranamente muerta en los setenta, muy triste y muy sola, a la edad de 53 años.

Como dice David Foster Wallace en Esto es agua: no podemos escoger si creemos o no en dios; únicamente podemos elegir el dios al que adoramos. Es por eso que, en una sociedad secularizada como la nuestra, los panteones se llenan rápidamente de celebrities: lo más parecido a la carne inmortal en la cultura de lo efímero.

Los deportes y la música, como lugares privilegiados en los que se cultiva la fama, son ámbitos en los que se construyen numerosas hagiografías. En el caso de la música pop-rock son muchos los ejemplos fílmicos que podemos citar: The Doors (1991), de Oliver Stone, deificaba a Jim Morrison; Ray (2004) a Ray Charles; Stoned a Brian Jones, fundador de los Rolling Stones; y, mucho más recientemente, dentro del género documental, tenemos Janis (2015), Amy (2015), Avicii: True Stories (2017) o Gaga: Five Foot Two (2017).

Muchos de los protagonistas de estas cintas han acelerado su muerte por su modo de vivir. Es como si hubiesen caído destruidos por una conciencia que les suele faltar a sus fans: la de que conseguir el triunfo mundano no conlleva la satisfacción que todos esperamos, sino que afila todavía más el aguijón del malestar.

Pese a que actualmente el Bel Canto no es tan mainstream como Michael Jackson, hubo un tiempo en que ciertas divas tenían mucho recorrido mediático en las revistas del corazón. Maria Callas fue el perfecto ejemplo de esto. No sólo su voz y su capacidad interpretativa la acercaban a los dioses, sino que fue habitual portada de la prensa rosa de la mano de su primer marido, el industrial Giovanni Battista Meneghini, y del magnate Aristóteles Onassis, su amigo y amante.

Este largometraje intenta un viaje a la intimidad de la artista, mostrando la diferencia entre el mito y la persona, abundando en las cuitas sentimentales de la soprano y sus agotamientos y depresiones. El relato cinematográfico se construye básicamente a través de imágenes de archivo y de grabaciones de entrevistas, en las que ella se insinúa a sí misma desde su belleza morena, altiva, misteriosa y de grandes rasgos griegos.

Un entretenimiento sin otro interés que el de asomarse, por enésima vez, al precipicio de la fama. Eso sí, con elegancia.

Jorge Martínez Lucena

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