Roman J. Israel, Esq.

Roman J Israel

Roman J. Israel, Esq buena-muy buena

Público recomendado: adultos

«Roman Israel, letrado»: de esta manera se presenta el personaje al que da vida un solvente Denzel Washington (American Gangster, El libro de Eli, Malcolm X), un desaliñado abogado que trabaja en un bufete de abogados; un abogado que siempre ha estado en un segundo plano, haciendo el trabajo técnico y burocrático de su socio. No obstante, tras la muerte del este, Roman se ve obligado a dar un nuevo impulso a su vida laboral, a salir de la sombra y a dar un paso. Pero… ¿hacia dónde?

Lleva muchos años esperando que la sociedad cambie, pero nada de nada, como siempre: sigue aguardando una transformación del mundo que lo rodea. Quiere que este redescubra una vida que los juristas abandonaron hace tiempo, también los que luchaban y luchan por los derechos civiles, su campo de especialización. Los ideales de juventud de Roman, en cambio, no han envejecido, sobreviven: intactos, como cuando tenía veinte años y se adentró en ese mundillo. Aunque parece que tras la muerte de su socio ha renunciado a todo ideal, pero no. Aun así, el choque con la realidad es inevitable, puesto que el mundo se ha alterado y ha renunciado a aquello por lo que él ha estado luchando todos estos años. Pero su espíritu no ha envejecido; no se da cuenta, sin embargo, de que el mundo sigue girando, de que la realidad y el ideal por el que ha vivido riñen y vuelven a chocar una y otra vez, aunque desee una reconciliación. ¿Dónde están esos hombres movidos por un ideal puro? No los encuentra o, quizás, sí: lo encuentran a él. George Pierce, interpretado por Colin Farrell (Daredevil, Alexander), decide ponerlo otra vez en la palestra; la pureza de su manera de trabajar es atractiva, pero Roman Israel ya se ha pervertido: ha decidido cobrar una recompensa por denunciar a un asesino de un chico armenio, cuyo refugio se lo ha revelado, bajo confidencialidad, un cliente. Sus ideales encanecidos no han resistido el embiste de un mundo que clama todo lo contrario.

La juventud y deseo de unos ideales -a duras penas se ponen en juego a lo largo de la película, puesto que el verdadero protagonista es Roman Israel, no aquello que lo mueve- han caído: Ícaro ha volado demasiado cerca del sol, movido por el deseo de conocer, y se le han fundido las alas. Y Roman se convierte en un ángel caído, ¿cómo volverá a descubrir una pureza tan añorada?

Siempre con los auriculares, náufrago en una tempestad en la que no consigue aferrarse a ningún bote salvavidas, es un hombre perdido, en lucha contra el mundo, pero con pocas esperanzas de ganar y, además, acosado por asesinos en busca de venganza. En este sentido, es cautivador el recorrido que debe emprender el protagonista; un camino que lleva a cabo solo, sostenido únicamente por sus propias fuerzas y por el recuerdo de un ideal que ya se ha demostrado frágil. «La libertad solo depende de uno mismo», como le dice a Maya (Carmen Ejogo, Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Selma): es la tentación de pensar que el mundo no puede ni quiere recuperar una pureza, pero, no obstante, el mundo empieza a cambiar cuando hay uno que decide dar un paso al frente y afrontar el propio mal. Lástima de la soledad del protagonista que nos plantea el guion, por un lado. Por el otro, el único perdón que se le ofrece al protagonista es el perdón que se otorga a sí mismo. Se autoacusa y se autoperdona: una historia del self made man que vive, lucha, se equivoca y busca la reconciliación con el mundo y consigo mismo. Esto es una vida.

 

Guillem Lisicic

 

 

Ficha técnica:

Título original: Roman J. Israel, Esq.

Dirección: Dan Gilroy

Guion: Dan Gilroy

Duración: 122 min.

País: Estados Unidos

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