Series TV: SS-GB

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Una ucronía, como todos nuestros lectores saben, es una reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos, pues bien, SS-GB es una miniserie de 5 episodios de 60 minutos de duración que plantea qué hubiera pasado si los alemanes hubieran conquistado Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial y el modo en que los británicos lo hubieran gestionado en su faceta de colaboradores con el régimen nazi o de opositores a la tiranía hitleriana.

La dirección de esta gran producción televisiva ha corrido a cargo de Philips Kadelbach, que adapta la novela homónima de Len Deighton,  escrita en 1976. El mayor logro de este cineasta es la ambientación, consiguiendo que tengas la sensación de haberte trasladado a los años 40. Nos ha llamado la atención la elegancia de los militares alemanes y la calidad de los decorados donde se sitúa la acción. Las tramas de intriga son un tanto complicadas porque al tratarse de espías y policías, que deben nadar y guardar la ropa, hay que despistar al personal y  algunas situaciones  pueden resultar un tanto confusas, razón por la cual hay que estar muy atentos a lo que va sucediendo.

Douglas Archer, el detective protagonista, interpretado con acierto por Sam Riley, actor que por sus características físicas se asemeja a los actores de cine negro y que, sin parecerse físicamente a Humphrey Bogart, recuerda en sus gestos y mirada. Los diálogos son bastante brillantes y te atrapan por momentos. La conversación más interesante de toda la producción la encontramos en el diálogo entre el detective y el oficial alemán demostrando el grado de “complicidad” de los investigadores que se tratan como amigos, aunque sean rivales. El oficial alemán anima al detective, destacando la suerte que tiene de poder luchar todavía por un hijo al que quiere mientras que él encuentra dificultad para entenderse con su padre con lo que para él la vida tiene poco sentido, ya que se entiende que era el único vínculo amoroso que daba sentido a su vida. Esta  escena guarda cierto paralelismo y parece un guiño a la obra maestra de Jean Renoir, La gran ilusión, por el alto grado de camaradería que hubo tanto en la cúpula como la base de los ejércitos que se enfrentaron, en el caso de esa producción francesa, durante la  Primera Guerra Mundial.

Otro elemento a tener en cuenta de  este producto televisivo es su crítica al nazismo por el uso de la ciencia sin ética y el comportamiento de Kellermann, el político alemán (Rainer Bock), para el que el fin justifica los medios.

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