Infiltrados en el KKKlan

Infiltrados en el KKKlan 

Público recomendado: Adultos

Ver una película de Spike Lee es ver cine político. No del calibre de Costa-Gavras u Oliver Stone, por poner dos reconocidos ejemplos.

Su ideología e ideas revolucionarias tontean con el propuesto en su día por el movimiento de los Panteras Negras. Todo en su cine es reivindicación, incluso en aquellas donde no es aparente (Plan ocultoo el desastroso remake de la obra surcoreana Oldboy). Al amparo de otras películas de estilo similar como Arde Mississippi, Tiempo de matar o El calor de la nocherespecto a temas policiales con grandes dosis de racismo y segregacionismo de por medio, la idea de hacer su propia gesta parece como una secuela espiritual de su anterior obra, Chi-Raq: la primera más próxima a la comedia ateniense ficticia; esta que nos ocupa más veraz y real, con un concreto telón político de fondo. No obstante, a pesar de los temas que tratan de fondo y la crítica (necesaria) a la White American People, el maniqueísmo del que siempre hace gala Lee en sus obras empieza a lastrar el resultado final, haciendo que el espectador no sepa si lo que ha visto es una película o un mitin político. Proporciona risas pero como si de un chiquillo de cinco años que ha hecho algo mal se tratara nos la quita un segundo después; porque es lo que Lee quiere, que aprendamos. Y el cine didáctico es precisamente uno de los cánceres del propio cine.

La cinta nos presenta a un joven policía afroamericano que entra en una comisaria donde consigue infiltrarse en el grupo supremacista, Ku Klux Klan. Con la ayuda de otro policía, esta vez de raza blanca, intentarán denunciar actividades criminales del grupo. Un apunte hay que decir: dentro de su cine, esta es un punto intermedio; no es tan fría como Malcolm X pero tampoco es tan socarrona y directa como Bamboozledo Fiebre salvaje.Tiene importantes tintes hipócritas, como su condena al cine de D. W. Griffith, hijo de su tiempo, confederado y perteneciente a la causa sudista; no obstante un auténtico genio del cine cuya obra capital no es la archiconocida El nacimiento de una nación, sino su maravillosa obraIntolerancia, respuesta ideológica a su anterior película. Este es uno de los muchos achaques que se le pueden poner a la película, pero sería innecesarios dejarlos por escritos porque, como se dijo al principio, es una película de Spike Lee: discursos políticos a mansalva y el erre que erre a su siempre discurso político. Es verdad que los últimos acontecimientos en Estados Unidos y la ascendencia de Trump a la Casa Blanca preocupan por sus guiños al fascismo; pero para ello está el género documental, puesto que las funciones didácticas en terrenos políticos tiene el mismo efecto que el de ver un informativo.

Lejos de los achaques que se le pueden poner siempre al cine de Lee, los pros son como de costumbre muchos: un cuidado estilo visual, con guiños y homenajes al blaxploitation de los 70 y una dirección siempre notable de actores. Diálogos ágiles y un ritmo adecuado, salvo en sus últimos 20 minutos, cuya narración se estanca ante las pretensiones discursivas de Spike Lee. Actuaciones creíbles y la siempre agradecida presencia de un actor tan magnético como es Adam Driver. ¿Conclusión? Va a ver una película de Spike Lee, por tanto si a usted le gustaron las anteriores no saldrá decepcionado (aunque está muy muy lejos de ser tan brillante como Haz lo que debas).

 

Director: Spike Lee

Guion: Spike Lee, Kevin Willmott, David Rabinowitz, Charlie Wachtel

Reparto: John David Washington, Adam Driver, Topher Grace, Laura Harrier, Ryan Eggold, Corey Hawkins, Robert John Burke, Paul Walter Hauser

Año: 2018

País: Estados Unidos

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