War horse (Caballo de batalla)![]()
Público recomendado: Jóvenes
Inglaterra, principios del Siglo XX. Todo comienza a las puertas de la Primera Guerra Mundial. Una familia de granjeros ingleses compra un fogoso potro de caza en una subasta, a pesar de no tener dinero para pagarlo. Lo compran guiados por una intuición, la de que es un animal que tiene algo especial. El caballo recibe el nombre de Joey y no parece estar hecho para el trabajo de campo. Pero el hijo de la familia, Albert, está decidido a domarlo y enseñarlo. Ambos se hacen inseparables pero cuando estalla la guerra tienen que vender a Joey para poder subsistir. A partir de aquí, sus caminos se separarán.
Spielberg vuelve, en su vertiente más realista, con una gran historia épica y lo hace sin olvidarse ni de sus temas principales ni de su, cada vez más maduro, estilo de rodaje. En este caso, War Horse (2011), está basada en una exitosa novela del director inglés Michael Morpurgo, ya que antes que para el cine fue adaptada para el teatro de Londres. Los responsables de la adaptación cinematográfica han sido Richard Curtis (Cuatro bodas y un funeral, 1994) y Lee Hall (Billy Elliot, 2000), consiguiendo un eficaz y notable guión. A nivel interpretativo cabe destacar el descubrimiento del joven Jeremy Irvine (Albert) y a los padres del protagonista interpretados sólidamente por Peter Mullan (Mi nombre es Joe, 1998) y Emily Watson (Rompiendo las olas, 1996). Spielberg consigue, a lo largo de la trama principal y subtramas, introducir personajes secundarios cuya ternura atraviesa la pantalla y alcanza al espectador. Mantiene un dominio de la cámara fantástico siendo capaz de narrar con sencillez y emoción secuencias difíciles en donde quizás otros realizadores se complicarían sin necesidad. Con una brillante fotografía y un montaje al servicio constante de la historia, resulta un producto sobresaliente a pesar de un metraje ligeramente excesivo. Memorable como siempre la banda sonora del maestro John Williams, en la que abundan los instrumentos de viento denotando el origen humilde del protagonista.
Uno de los temas más analizados y estudiados dentro de la obra de Spielberg, es la ausencia de la figura paterna. Por su biografía sabemos que pasó su infancia en diferentes ciudades debido principalmente a los traslados de su padre. Steven se crió con tres hermanas y sus padres se divorciaron cuando él tenía veintiuno. Se puede recorrer toda su filmografía señalando cómo construye sus historias en entornos familiares en donde el padre está ausente o con alguna problemática concreta. Por lo tanto, de la ausencia del padre pasamos a entornos familiares rotos o con riesgo de ruptura. Es impactante la secuencia del garaje en E.T. (1982) cuando los dos hermanos están buscando algo y se topan con una camisa de su padre que aún olía a él. También en War Horse nos encontramos con este tema y con objetos vinculados a la figura paterna (una especie de antiguo lazo de guerra). Otro tema recurrente en la obra de Spielberg es la muerte de la inocencia o de la fantasía infantil. En donde, una mirada inocente se ve forzada a crecer y a hacerse adulta. Clarísimo ejemplo es el joven Jim de El imperio del sol (1987). Una mirada que en el cine de Spielberg coincide con el asombro de la inocencia del niño ante las cosas que descubre. Pero la realidad es testaruda y las circunstancias en las que se ven envueltos los personajes llevan a éstos al paso de la niñez a la adolescencia. No obstante, también se descubren personajes adultos que aún guardan cierta nostalgia de aquella inocencia perdida. Recordemos que es el padre de Albert, el que detecta lo especial que es ese caballo, que más tarde será su hijo quien lo llame Joey. Como si tuviese un hilo aún despierto que le permitiese, cómo mínimo, reconocer lo bello cuando lo tiene delante. Aunque sea tan sólo por unos instantes.
Frente a la ausencia paterna y a la dureza de la vida, surge la necesidad de “compensar” ese vacío. Y es ahí, donde el protagonista genera un vínculo, un vínculo que le mantenga esa mirada positiva sobre la realidad que, quizás, debiera venir del padre. Es un vínculo, porque es una relación. En E.T. (1982) hablamos de Elliot y del más tierno alienígena de la historia del cine. Y en War Horse, hablamos de Albert y su caballo, Joey. Es un vínculo profundo, tan hondo que se convierte en ese hogar ansiado por el protagonista. En La Terminal (2004), se expresa con una promesa, que le recuerda a Victor Naborski (Tom Hanks) a quien pertenece, la promesa que le hizo a su padre antes de morir. Pues bien, cuando los personajes de Steven desarrollan estos vínculos de pertenencia, bien con un alienígena bien con un caballo, crecen cómo personas y generan entornos de admiración y respeto. Como le pasa al Capitán Miller (Tom Hanks) en Salvar al Soldado Ryan (1998). O a Albert y a Joey en War Horse, pues consiguen ser punto de ilusión para toda una nación. Porque tener claro a quien perteneces te hace caminar más cierto y más libre, y eso, se nota. Un vínculo, pues, que te hace más fecunda cada acción. Y es justo en este punto donde Spielberg, según mi opinión, abre una categoría nueva. La categoría de lo milagroso. De hecho, a Joey se le llama el caballo milagroso. Parece como si Spielberg fuera tras esa historia aún no encontrada en donde el vínculo generado fuera irrompible. Un vínculo que fuese indestructible ante cualquier guerra y ante cualquier adversidad. Parece querer crear a dos personajes con una relación de pertenencia tal que no hubiese ninguna circunstancia negativa en la que la esperanza se perdiera. Por lo tanto, la categoría de lo milagroso genera un terreno creativo en donde todo es posible. Cabe destacar la secuencia de War Horse en donde un inglés y un alemán hacen un alto en plena batalla y tienen un encuentro del tipo que hablamos. O la secuencia de El color púrpura (1985) en donde Sugar, una sexy cantante de un club nocturno cercano a la Iglesia del pueblo, escucha una canción titulada “Dios tiene algo que decirte”. Y atravesada por la nostalgia se lleva a toda la banda a la Iglesia, y entra justo cuando el predicador comienza la parábola del hijo pródigo.
La ausencia paterna en Spielberg desemboca en un terreno en donde todo es posible, en donde hasta lo milagroso parece razonable. Precisamente, porque es respuesta a una herida que Steven lleva intentando sanar a través del cine desde que era un director precoz, y hacía películas caseras en super-8. Bendita ausencia, pues, cuando se la mira hasta el fondo te acerca a un terreno “gracioso”, milagrosamente razonable. Terreno en el que confluyen tanto la obra realista como la de ciencia ficción de este director que más que el rey Midas parece ser un mendigo con una herida y un talento hechos para el cine.
Carlos Aguilera Albesa
Ficha técnica:
War horse (USA y Reino Unido, 2011)
Dirección: Steven Spielberg.
Duración: 148 min.
Género: Drama, bélico.
Interpretación: Jeremy Irvine (Albert), David Thewlis (Lyons), Emily Watson (Rose), Toby Kebbell, David Kross (Gunther), Peter Mullan (Ted), Niels Arestrup (abuelo), Eddie Marsan (sargento Fry), Benedict Cumberbatch (mayor Jamie Stewart), Tom Hiddleston (capitán Nicholls), Celine Buckens (Emilie).