Shame

Shame

Público recomendado: Adultos S

El Don Juan enfermo 2011

Dudo que estuviese entre las intenciones de sus responsables, pero Shame, a la postre, resulta toda una reformulación del mito del Don Juan.

La reinterpretación del mito en la posmodernidad suele conllevar, paradójicamente la desmitificación del mismo. Así, aquella no es mera trasposición del relato a nuestro actual marco histórico, sino también una revisión crítica, una profundización en sus aspectos más oscuros y más velados, lo que arroja sobre él una mirada nueva que implica un cuestionamiento de su viabilidad en el presente. El mito, tal como nos lo han contado, se trata únicamente de palabrería, cháchara idealista: su realidad es muy distinta. Puede, incluso, que la realidad del mito haya sido válida en otro tiempo, en otras circunstancias, pero no ya: o no ha sido posible nunca, o ha sufrido un proceso de degeneración, de cuyo resultado ahora nos damos cuenta.

El Don Juan del siglo XXI que nos presenta el film es esencialmente un hombre enfermo. La personalidad canalla pero idealista, la inquietud e inestabilidad románticas, la atormentada melancolía del Amor trascendente son rasgos que han definido al Don Juan en el pasado, pero que se revelan casi ingenuos en el presente. El moderno Don Juan que es Brandon (Michael Fassbender) sigue persiguiendo y necesitando a las mujeres, más en él la insatisfacción espiritual que esta búsqueda encubría antaño se ha transformado en patología. Brandon, bajo los disfraces del ejecutivo de éxito y soltero de oro, es un individuo alienado y priápico, un masturbador compulsivo, un putero infatigable, un engullidor de pornografía basura; un adicto en definitiva, verdadero yonki del sexo. Su sexualidad hipertrofiada le ha encerrado en su propio cuerpo hasta la apatía. Incapaz de librarse del hastío, Brandon entra en una carrera por el olvido de sí mismo a través del sexo que, lejos de ayudarle a escapar de su prisión, añade más y más barrotes a la condena. Según Shame, el llamado donjuanismo es solo un trastorno físico y psicológico de curación dudosa. Eso sí: aunque menos literaria, la historia de Brandon no es por ello menos trágica de lo que era antes.

Shame eleva la problemática de su protagonista a la categoría de tara social. Como marco para su relato, Steve McQueen ha elegido la ciudad de Nueva York, metonimia de la sociedad occidental contemporánea, a la que describe desde fuera (como a través

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de los ojos de Brandon y su hermana Sissy, llegados cuando niños de Irlanda), mediante un hiperrealismo que resulta barroco por acentuado: la película nos muestra una ciudad a la vez claustrofóbica e inabarcable, que extiende su enfermedad gigante por metástasis a todo cuanto mora en ella. El Nueva York de Shame es una enorme cárcel, causa y símbolo a un tiempo de la particular cárcel en la que a su vez Brandon se halla, de paredes y ventanas de límpido cristal que aprisionan a los personajes sin que se den cuenta, separándolos como tabiques invisibles, mientras observan los neones de una madrugada iluminada y sonámbula, caldo de cultivo para la tristeza. Un soberbio travelling nos muestra su peculiar belleza intoxicada, terrible e hipnótica.

La denuncia social de Shame no por obvia es menos eficaz, y pese a su aparente falta de concesiones grandes como Billy Wilder ya nos habían apuntado verdades similares de forma insuperable: ¿qué se puede esperar de una sociedad en que los, digamos, tipos normales se dedican a diestro y siniestro a la cacería de conquistas de usar y tirar, encubriendo su minúscula miseria con la estabilidad de una familia de pega? El jefe de Brandon, en versión informatizada y con menos clase, bien podría ser un personaje recién salido de El apartamento, la obra magna del director austríaco: hay cosas que nunca cambian. La fuerza y convicción de Shame se apoya en la labor de dos intérpretes en estado de gracia e implicados hasta los tuétanos, Michael Fassbender y Carey Mulligan, y en una narración analítica que apuesta por la exhaustividad y la precisión, para encontrar su fuerza dramática precisamente en los gestos y miradas y pequeños detalles. Shame parece a veces un informe médico, pero sus modos consiguen alcanzar un crescendo digno del calificativo operístico.

 

Lorenzo

Ficha técnica:

Shame (Reino Unido, 2011)

Dirección: Steve Moqueen

Duración: 97 min.

Género: Drama.

Interpretación: Michael Fassbender (Brandon), Carey Mulligan (Sissy), James Badge Dale (David), Nicole Beharie (Marianne), Hannah Ware

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