Mi amiga Eva 

Crítica

Publico recomendado: +14

En este siglo pocos directores españoles han desentrañado las relaciones sentimentales con la gracia y lucidez de Cesc Gay. El cine de Cesc siempre ha sido un cine de escritura, de personajes y de enredos amorosos minuciosamente trabajados desde un guión, que siempre firma él, solo o acompañado. Gente normal y corriente involucrada en conflictos de pareja. Resulta fácil pensar que directores como Eric Rohmer o Woody Allen han podido ser importantes influencias del dramaturgo catalán. 

Eva conoce en un viaje de trabajo a Roma a Álex, un guionista argentino que despierta algo en ella que llevaba mucho tiempo muerto: la ilusión.  Este casual y divertido encuentro será el punto de partida de una trama que no dejará de complicarse a lo largo de su metraje. Existen formas de sonreír capaces de crear una intimidad mucho mayor que las relaciones sexuales. Eva nunca más será la misma después de sentirse mirada con ese deseo que en la rutina es tan difícil de encontrar. No obstante, existe un obstáculo no precisamente menor: Eva lleva casada veinticinco años con Víctor, su atractivo y bondadoso marido con el que tiene dos hijos. 

La película adquiere su propia voz a base de encontrar la comedia en cenas cargadas de tensión y situaciones de tintes muy surrealistas. Todo ello aderezado con una estupenda banda sonora compuesta a base de jazz, por la que se asoman canciones de Bob Dylan y Leonard Cohen. Hay que reconocer el mérito del director de cocinar ese ingrediente secreto de las buenas películas tan difícil de encontrar: el ritmo. El cine de Cesc no necesita para ello un gran despliegue técnico, lo consigue con guiones elaborados y sólidas interpretaciones. En esta película cuenta con ambas cosas. Rodrigo de la Serna y Diego Botto, uno más suelto, otro más contenido, acompañan a una espectacular Nora Navas que logra hacer suyo el personaje. La película es ella y asume perfectamente la responsabilidad de desquiciar, emocionar y hacer reír al personal en las menos de dos horas que dura la película. 

El único problema de esta película sería tomarse en serio su mensaje sobre el matrimonio y en general sobre las relaciones de pareja. Eva, aunque esté dibujada de forma simpática, es en el fondo una persona egoísta, impulsiva y que actúa de forma confusa. Abandona a un devoto marido y a sus dos hijos por la necesidad de vivir nuevas experiencias, y sentir esas mariposas que una vez conoció y ahora anhela profundamente. Ese quizás sea el mayor triunfo de la dictadura de las emociones en la que vivimos, convencer a la sociedad de que el amor son esas pasajeras y explosivas mariposas y no una decisión que exige compromiso, voluntad y mucho sacrificio. Y si se trabaja, las mariposas vuelven y mucho más fuertes, que dice Pep Borrell, un gran experto en afectividad. El desarrollo del segundo y tercer acto no hacen sino confirmar que Cesc Gay de forma absolutamente involuntaria ha firmado uno de los más férreos alegatos sobre el matrimonio que ha pasado por las carteleras españolas. 

En definitiva, “mi amiga Eva” es una película entretenida y ligera que consigue encontrar un equilibrio perfecto entre drama y comedia que se ve lastrada por una visión pesimista sobre las relaciones sentimentales. 

Jaime Paricio 

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