Karate kid: Leyendas

Crítica

Público recomendado: +7

Qué peligrosa es la nostalgia cuando no se emplea como puente hacia una originalidad conceptual. Prueba de ello es esta Karate Kid: Leyendas, una pieza concebida como unión de dos universos generacionales: el de Ralph Macchio como el mítico Daniel LaRusso y el de Jackie Chan, maestro Han en la entrega independiente de 2010. Ha sido Jonathan Entwistle, famoso por la serie de televisión The End of the F**ing World*, el encargado de añadir frescura a un guion previsible, sometido a la desgastada fórmula.

La cinta es la sexta entrega de la franquicia y se sitúa tres años después del desenlace de Cobra Kai, formato televisivo que concluyó hace bien poco. El jovencísimo prodigio del kung-fu, Li Fong, encarnado por Ben Wang, huye de Pekín por una tragedia familiar y termina en Nueva York, un terreno hostil para su forma de vida desde el minuto uno. Como cabe esperar, las circunstancias le empujan a participar en un torneo de karate para defender a un amigo, por lo que tendrá que trabajar duro bajo la fusión de estilos de los senseis Han y LaRusso.

Uno de los puntos salvables de Karate Kid: Leyendas es la estética, una mezcla de formato televisivo y épica clásica. La puesta en escena es del todo funcional, sirve al convencional propósito del combate cuerpo a cuerpo. El director británico es confeso amante del cine hongkonés, por lo que prioriza la exhibición de los personajes principales en las coreografías físicas, de punto humorístico y creativo gracias a Jackie Chan. La gracia aquí está en el realismo de las peleas, evitando al máximo posible los efectos digitales. Estas se dan en una ciudad auténtica pero matizada con el choque de culturas.

El gran problema está en un guion siempre en zona de confort, que no arriesga lo más mínimo más allá del relato habitual: el chaval nuevo que sigue al mentor sabio para enfrentar a un antagonista irascible y buscar así la redención a través de las artes marciales. Lo poco aprovechable de la escritura está en lo que rodea a Li, sin ser paradigmático, pero sí interesante cuando da rienda suelta a sus relaciones humanas con, por ejemplo, su madre. Pero poco más.

La película se fundamenta en el mismo espíritu de toda la saga, poniendo el karate (o kung-fu) en el centro de la pedagogía vital: la escuela de disciplina, humildad y sentido de la vida a través del sacrificio. Aquí se conjugan los mantras de duelo físico, psicológico y moral a través de las generaciones, que han de aprender el coraje y la templanza. Sin embargo, no se innova en prácticamente nada, y todo suena repetitivo, cansino y superficial, rozando el sentimentalismo fácil.

En definitiva, Karate Kid: Leyendas es más entretenimiento nostálgico que una obra memorable para la tradición de “dar cera, pulir cera”. Es una cinta para pasar el rato, que no traiciona el alma de la original, en cierto punto homenajea el legado, pero sin sobrevivir a la prisión del ensimismamiento.

Gabriel Sales

https://www.youtube.com/watch?v=rL0Ec_v4zVw&ab_channel=SonyPicturesEspa%C3%B1a 

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