Crítica
Público recomendado: +16
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Tras el aceptable recibimiento en 2023 de Five Nights at Freddy’s (FNaF para los frikis), adaptación de la saga de videojuegos a la gran pantalla, llega la secuela con la misma directora, mismos actores, alguna incorporación nueva y más animatrónicos. El resultado es muy regular porque el guion da para lo que da.
Ha transcurrido un año desde que fuimos testigos de la pesadilla sobrenatural en la pizzería de Freddy Fazbear. La historia de lo que ocurrió allí ha ido adquiriendo la talla de leyenda local, e incluso ha dado pie al primer “Faszfest”. El exguarda de seguridad Mike y la agente de policía Vanessa han ocultado la verdad a Abby, la hermana de 11 años de Mike, acerca del destino de sus amigos animatrónicos. Pero cuando Abby decide reconectar con Freddy, Bonnie, Chica y Foxy, desatará una serie de acontecimientos aterradores que revelarán oscuros secretos sobre el verdadero origen de Freddy’s, desencadenando un horror que llevaba décadas escondido y olvidado.
Empecemos por las buenas noticias: como decimos, todo el reparto vuelve (incluso un siempre agradecido Matthew Lillard) y ahora los tres protagonistas se encuentran más cómodos en sus papeles, han crecido y entienden mejor sus personajes. Así que la directora Emma Tammi aprovecha para empezar la cinta de forma parecida a como empezaba la primera pero con más confianza y dispuesta a enseñar cómo comenzó la pesadilla que vimos hace un año. Después vemos que Abby ha crecido, madurado y se lleva muy bien con su hermano mayor, tiene amigos y está dispuesta a triunfar en un concurso de robótica… pero echa de menos a sus “amigos” robóticos, lo que evidentemente lleva al conflicto.
No es plan de desvelar más, solo diremos que hay poco guion que rascar, aunque se habla para bien de superar traumas, de pasar página y hasta hay espacio para un pequeño pero positivo mensaje sobre la trascendencia cristiana al hablar explícitamente del Cielo, algo que no ocurría en la primera. También es divertida la pulla del “solemos exagerar” a esos programas de búsqueda de lo sobrenatural que, en realidad, son puro humo sensacionalista o, directamente, amarillista.
Ahora bien, no hay mucho más en ese sentido, el resto es volver a la estética retro, mostrar mayor cantidad de animatrónicos (otra vez fantástico trabajo de Jim Henson’s Creature Shop, con tres veces más criaturas que en la primera entrega) y guiños a grandes clásicos como Alien (Ridley Scott, 1979), Muñeco diabólico (Tom Holland, 1988) y otras tantas sagas de similar temática.
Como decimos, el reparto está bien en sus papeles y hay caras nuevas: destaca la aparición de Wayne Knight, quien interpretó al inolvidable y odioso Dennis Nedry en Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993) y que aquí vuelve a interpretar a un personaje que irrita hasta al más santo; también Mckenna Grace, la adorable niña ya crecida desde Un don excepcional (Marc Webb, 2017). Por desgracia ni uno solo de los personajes, veteranos o recién llegados, muestra el más mínimo sentido común a la hora de reaccionar a lo que pasa alrededor, sin duda un clásico del género pero aquí llevado al límite, así que es requisito esencial apagar cualquier atisbo de “¿pero por qué hace eso?” si se quiere disfrutar un poco del metraje.
Por supuesto se deja la puerta abierta a una tercera entrega, la cual esperamos que tenga más historia y, por favor, decisiones más inteligentes de los protagonistas que, como decimos, se superan en ser incautos. Solo para muy, muy fans de los videojuegos y de la primera entrega, para ver y olvidar hasta que llegue la tercera.
Miguel Soria