Crítica
Público recomendado: +12
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Que ya van tres, tres nada más y nada menos de Avatar. Que parece que fue ayer cuando se estrenó la segunda pero han pasado tres años, recuerda en cierta medida a lo que hizo Peter Jackson con El Señor de los Anillos, pero aquí van llegando poco a poco y además no tienen la calidad del guion de la adaptación de la obra de Tolkien. Esta nueva de James Cameron tiene fuerza pero no tanta como la anterior, donde se notaba más frescura.
La tercera entrega de la saga “Avatar”, presenta al Pueblo de las Cenizas, un clan Na’vi no tan pacífico que utilizará la violencia si lo necesita para conseguir sus objetivos, aunque sea contra otros clanes.
La primera se estrenó en 2009 y fue un bombazo, la segunda en 2022 y tuvo un gran éxito gracias a que había pasado tiempo suficiente (13 años) para volver a sorprender, mejorar los efectos especiales y con muchos nuevos personajes y decisiones arriesgadas. Pero claro, tres años después se antoja poco tiempo para volver a impactar, y el guion ahí es clave: sí, hay algunas ideas nuevas y momentos interesantes, pero Cameron recicla muchos momentos anteriores y hasta el más “ignorante” sobre cine se da cuenta de que “esto ya lo he visto antes”. Por supuesto todo está envuelto en papel de oro y la imaginería del director es casi infinita, lo que más o menos logra disimular las carencias de la historia. Tampoco faltan aparatitos que recuerdan mucho a su obra maestra Terminator 2: El juicio final y a la también fabulosa Aliens.
Y sí, hay una fortísima carga religiosa, sorprendente en alguien que abiertamente se declara ateo. Pero es que además se inspira muchísimo en el cristianismo e incluso el catolicismo porque apenas hay minutos sin referencias a esa deidad que ha llamado Eywa, además de menciones a la “comunión” y hasta una secuencia que parece sacada directamente del pasaje de Evangelio sobre Abraham y su hijo Isaac. Personalmente agradezco mucho que un director muestre sin disimulo religiosidad y reconozca que los seres vivos estamos unidos en Dios y le necesitamos, aunque muchas veces parece que Él no responda y no seamos capaces de entender sus decisiones, vaya, como en la vida real, pero ahí está la gracia de la Fe, en que hay que dejarle a Él actuar y no tratarle como un siervo. No vale el “se lo he pedido por tanto debe concedérmelo”, no olvidemos que Él es Dios y no está obligado a nada, más bien al revés, nosotros somos los que estamos obligados a obedecerle y cumplir Su Voluntad aunque ésta, a veces, no se entienda y pese mucho. Y la película dice esto de muchas y variadas formas. La pena es que Cameron mezcle además ritos y cultos desviados y radicales, seguramente como crítica a los que llevan la religión más allá por sendas equivocadas y luego se creen “superiores” al resto por vivirla así. También a los que odian la religión porque “Dios no me ayudó”. Pero no hacía falta incidir tanto en ello.
Encontramos también fuertes mensajes sobre la unión familiar pase lo que pase, sobre hijos que no acaban de encontrar su lugar en dicha familia y los conflictos que surgen a raíz de eso (al parecer esto es autobiográfico). Y por supuesto amor a la naturaleza, críticas a la caza furtiva y a esas empresas que solo ven números sin importar los medios. El villano, una vez más, cumple y muestra que se puede ser un verdadero… malvado y, a la vez, mostrar humanidad en momentos puntuales, quién sabe si con mirada a futura redención.
Insistimos, hay muchísima parafernalia visual y una duración absolutamente desmedida, prueba de que el director se quiere mucho y no tiene alguien a su lado que le quiera igual y sea capaz de decirle “o recortas una hora o esto no hay quien lo aguante”, porque sin esa hora la película sería mucho más interesante. Al menos hay muchos regresos que dan más de sí que antes (normal, con tanto metraje cabe hasta el apuntador) y que prometen seguir ahí en las futuras entregas.
¿Es para cine? Sin duda, aunque las gafas cansen. James Cameron sabe cómo entregar espectáculo y que las más de tres horas no aburran porque siempre pasa algo. Y es para IMAX 3D, donde se va a disfrutar de más imagen que en cine convencional. Ahora bien, esperemos que en la cuarta vaya más al grano y vuelva a sorprender como lo hizo en la segunda.
Miguel Soria