La asistenta

Crítica

Público recomendado: +18

Se ha anunciado a bombo y platillo en todas partes, se ha asegurado que es un “fenómeno de masas” y que es la adaptación del mayor “best seller literario de los últimos años”. Ya tenemos aquí la versión cinematográfica de La asistenta, el libro de Freida McFadden, y el resultado es, sencillamente, mediocre como pocos.

Basada en el increíble fenómeno literario escrito por Freida McFadden. Una joven (Sydney Sweeney), con un pasado complicado comienza a trabajar como asistenta en la lujosa casa de los Winchester (Amanda Seyfried y Brandon Sklenar). A medida que se adentra en la vida de la familia, descubrirá secretos oscuros que pondrán en peligro su seguridad, pero quizá ya sea demasiado tarde…

Para este tipo de películas conviene no hacer perder mucho tiempo al lector con reflexiones porque el guion no da para ello y el respetable tendrá cosas mejores que hacer, así que iremos directos al grano: La asistenta es un intento fallido de contar una historia de “aquí nada es lo que parece” vista una y mil veces en el cine. Sinceramente, cada día queda más claro que a Sydney Sweeney no la contratan ni por sus dotes interpretativas ni por su buen gusto a la hora de elegir papeles, quizás sea por lograr que parezca mona tras múltiples capas de maquillaje y horas de peluquería, a saber… pero la protagonista de este culebrón con intentos de toques de thriller se encuentra más que perdida.

Al menos Amanda Seyfried compone una coprotagonista desquiciada que tiene su gracia y cuyo personaje, por rascar algo positivo, es capaz de decir “sí a la vida y a la maternidad” en un momento complicado. El otro punto medianamente bueno y que no merece ser ignorado es el abordaje de la infertilidad y lo positivo que es saber las causas que la provocan para poder superarlo con más facilidad dentro de lo duro que es, aunque realmente este apartado es un espejismo cuando conocemos la realidad en el metraje.

Y hasta ahí llega lo remarcable de una película larga (más de dos horas) con un feminismo exagerado, situaciones surrealistas, decisiones absurdas y un sangriento tramo final que no pintaba nada, amén de la inclusión de un par de escenas sexuales, una de ellas bastante explícita, que denotan la falta de imaginación del director Paul Feig y la guionista Rebecca Sonnesshine, seguramente sabedores ambos de que el guion es tan pobre que, sin ellas, el púbico adolescente más desnortado iba a salir diciendo “si al menos se les viera desnudos”…

Lo dicho, los mayores de edad pueden ahorrarse esta película en el cine y verla en casa tranquilamente en algún servicio online cuando la ofrezca baratita, o mejor, gratis si es en alguna promoción. El resto, mejor abstenerse.

Miguel Soria

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