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Crítica

Público recomendado: +18

¡Sam Raimi ha vuelto por partida doble! Y no lo decimos porque vaya a dirigir otra nueva de Spider-Man, sino porque su nueva película es Sam Raimi en estado puro. Se aleja de los superhéroes (que también lo hace muy bien, todo sea dicho) para entregar una historia de las que tan bien se le dan: tensión y humor negro.

Linda Liddle (Rachel McAdams) y Bradley Preston (Dylan O’Brien), dos compañeros de trabajo, se encuentran abandonados en una isla desierta tras ser los únicos supervivientes de un accidente aéreo. En la isla, deben superar sus rencores del pasado y trabajar juntos para sobrevivir, pero, en última instancia, se trata de una batalla de voluntades e ingenio para salir con vida.

Le ha debido de gustar mucho a Raimi trabajar con la excelente actriz Rachel McAdams: es la segunda colaboración juntos, la primera fue en Doctor Strange en el multiverso de la locura, en 2022, y ahora el director vuelve a confiar en ella para que lleve la inmensa mayoría del peso del metraje, lo que hace sin problemas y además componiendo un fantástico personaje, pero vamos por partes.

Lo primero es que sí, la película refleja una situación que se vive aún en muchas empresas en todo el mundo: el desprecio de la mujer para altos cargos directivos por el hecho de ser mujer. Se ha avanzado mucho, y es verdad, pero aún queda mucho por hacer y, sobre todo, gran cantidad de directivos con el machismo en las venas y la mirada por encima del hombro a sus compañeras féminas, ese que lleva a intentar apropiarse de su trabajo sin su conocimiento, ascender sin miramientos a amiguetes antes que a mujeres más que capaces o tratarlas mejor o peor según su apariencia física.

Lo segundo es otro sí: Raimi aprovecha el guion de Damian Shannon y Mark Swift (ya curtidos en el miedo, supervivencia y humor negro con sus libretos en Freddy vs. Jason de 2003 y Viernes 13 en 2009), con clara inspiración en Náufrago (Robert Zemeckis, 2001) pero dándole una agradecida vuelta de tuerca: esta vez no es un personaje, sino dos, aparentemente irreconciliables y uno en clara inferioridad respecto al otro. Eso sí, mete sus clásicos guiños a sus películas más similares a esta: Posesión infernal y Arrástrame al infierno. Es decir, vamos a ver momentos cómicos y sangrientos muy exagerados a partes iguales, de esos que en lugar de dar asco dan risa por lo surrealistas que son, incluso algún que otro momento escatológico que también provoca carcajada. Así es Sam Raimi, un gamberro visual, y o te encanta y aceptas su sentido del humor o lo detestas.

Lo tercero es que los personajes están genialmente dibujados y poco a poco se va formando un lienzo amplio en el que se explican muchas cosas, todo a su debido tiempo. Hay posibilidad para entender a ambos personajes y por qué hacen lo que hacen. Uno y otro reciben lecciones y deben aprender a trabajar juntos, dejar de lado sus diferencias y sobrevivir. Es verdad que la última parte del filme es una locura, pero también que es coherente con todo lo que hemos visto anteriormente y es el clímax que la historia estaba avisando. ¿Feminismo en vena? Es posible, pero no desentona y, la verdad, sienta muy bien cuando se ve en conjunto.

Hay momentos llamativos como el accidente de avión, la caza de un animal o el tramo final, con efectos especiales discretos pero adecuados. La pena, como siempre, es que la traducción del doblaje sea demasiado soez, ojalá algún día haya más educación.

Así que Raimi ha vuelto, quizás no con toda la gloria de la que es capaz pero se las apaña para conseguir, con muy pocos personajes y un solo escenario (los demás son anecdóticos), una historia que no aburre en ningún momento y que tiene valiosas lecciones dentro de su inmensa socarronería. No es apta para menores dado el nivel de violencia y gore pero los mayores de edad fans del director la pueden disfrutar mucho. Ah, y los títulos de crédito son realmente originales, invitamos a verlos enteros (algo que siempre se debería hacer).

Miguel Soria

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