El agente secreto

Crítica

Público recomendado: +18

El cine brasileño da la campanada con El agente secreto, pues el trabajo del brasileño Kleber Mendonça Filho (recordado por Doña Clara) está dando la vuelta al mundo y viene respaldado por nada más y nada menos que dos Globos de Oro y tres premios en el Festival de Cannes, así como cuatro nominaciones a los Óscar: mejor película, mejor actor principal, mejor película internacional y mejor dirección de casting.

La cinta gira en torno a Marcelo, un profesor de oscuro pasado que vive en la época de la dictadura militar brasileña en 1977. Esta producción deja a un lado la carga ideológica hasta cierto punto, para centrarse en una trama de intriga capaz de cautivar al espectador; podemos decir que acertadamente.

El actor protagonista es crítico con la dictadura de esa época; y es que está claro que tomar el poder con el objetivo de frenar al comunismo podría ser legítimo, pues esa ideología mató a millones de personas en todo el mundo (casi siempre respaldado por Cuba militarmente, que siempre apoyó revoluciones de corte comunista aportando soldados), pero esta actitud pierde toda la legitimidad cuando se utilizan las mismas armas que tus enemigos como por ejemplo la tortura, y no se instaura la democracia.

El realizador apuesta por una especie de biopic, en la que una investigadora del presente deberá conocer detalles del pasado. La producción es entretenida, combinando la intriga, la acción y el humor negro no, negrísimo, salpicado con innecesarias escenas en un plano muy lejano de corte hedonista, guardando el equilibrio desde los primeros momentos con un inicio realmente inquietante que te atrapa ya para siempre, a pesar de la larga duración de esta producción.

Como decíamos, en favor de la fluidez, la parte ideológica se deja a un lado para centrarse en el proceder de los policías corruptos en favor del régimen, que se toman la justicia por su mano frente a los protagonistas que viven con miedo, independientemente de que tengan unos ideales más politizados que otros, como el protagonista, cuya única “ideología”  es la de la investigación en la universidad.

De modo natural se critican los abusos de poder de esa dictadura. Nos parece acertadísima la metáfora de la película Tiburón de Spielberg y el cartoon de Popeye a punto de ser devorado por un tiburón, que son realmente significativas. La escena más brillante recuerda una especie de terapia de grupo, en la que se reúnen varias personas de diferentes estratos sociales que son perseguidos, como un chico homosexual, una chica de buena posición económica o una señora mayor que tiene la casa adornada con temática religiosa, como dando a entender que se agarra a sus creencias para sobrevivir o vivir un poquito mejor ante una realidad que le supera.

La labor del actor Wagner Moura es magistral, haciendo varios papeles y, desde luego, es merecedor del Óscar porque con gran economía de gestos, lo dice todo. Por cierto, la película está cargada de guiños cinéfilos a películas como La profecía, a la actriz Marilyn Monroe o a Cinema Paradiso, con un personaje entrañable como el del suegro y padre de Fátima, con una mirada bondadosa.

Víctor Alvarado

Tráiler en español: https://www.youtube.com/watch?v=pULOxA1KzSc [/embedyt]

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