Crítica
Público recomendado: todos los públicos
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Todos los años irrumpen silenciosamente en las carteleras un selecto grupo de películas que con escasa promoción y menos presupuesto consiguen encoger el corazón de un considerable número de espectadores. Little Amélie pertenece como miembro de pleno derecho a ese grupo de obras discretas pero profundamente conmovedoras.
Adaptación de la novela de Amélie Nothomb, Metafísica de los tubos, la película ha tenido un recorrido tan inesperado como prometedor: Premio del Público al Mejor Film Europeo en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y nominación al Óscar a Mejor Película de Animación.
La película narra la transición que parte del abandono de la entrañable inocencia infantil hacia la adquisición de la conciencia de que la vida tiene momentos de mucho e inexplicable dolor. Resulta llamativo -y ciertamente cómico- que Amélie pase por ese proceso poco después de cumplir los tres primeros años de vida. Amélie, niña prodigio de origen belga, vive en el Japón de los años sesenta junto a su familia, desplazada allí por el trabajo de su padre. Desde esa mirada aguda y precoz, la película aborda cuestiones tan complejas como la muerte, la nostalgia o las heridas aún abiertas de la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial.
Uno de los mayores aciertos del film es asumir radicalmente el punto de vista infantil. La narración se instala —como ya hacía la novela— en los patucos de Amélie: su voz, cargada de lucidez, convierte la experiencia del descubrimiento emocional en una aventura casi metafísica. La gravedad de los temas nunca aplasta el relato porque está filtrada por una delicada sensibilidad que mezcla asombro, humor involuntario y una pureza todavía intacta.
En sus brevísimos 78 minutos, la película brinda además un homenaje a todas aquellas personas que participan silenciosamente en la formación afectiva de un niño. La figura de la abuela y la cuidadora adquieren un peso decisivo en la forja de la personalidad de Amélie, subrayando que la educación sentimental es siempre una obra coral compuesta por afectos de distinta naturaleza pero imprescindibles todos ellos.
En el plano formal, la dirección de Mailys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang demuestra una madurez poco habitual en realizadores noveles. La animación, luminosa y colorida, acompaña el tono vitalista del relato y funde con naturalidad lo real y lo onírico —¿acaso algún niño no lo hace?—. Resulta difícil no advertir ecos del imaginario del icónico maestro de la animación Hayao Miyazaki, no tanto por imitación estilística como por la convicción de que el mundo interior de un niño merece la misma densidad poética que cualquier épica adulta.
Little Amelie es, en última instancia, un sincero alegato vitalista, una película gigantescamente pequeña que nos muestra que, amar mucho -y amar bien- es lo que único da sentido a esa experiencia compleja y dolorosa que puede llegar a ser la vida.
Jaime Paricio Sánchez
(1831) LITTLE AMÉLIE – TRÁILER CASTELLANO HD – YouTube