Ella McCay

Crítica

Público recomendado: todos los públicos

Como una suerte de versión política -y con un calado emocional más punzante- de El diablo viste de Prada, Ella McCay propone algo más que una comedia de ascenso profesional. Bajo su apariencia ligera late una herida íntima: la que deja en una hija la infidelidad de su padre y el modo en que esa grieta condiciona su manera de amar, confiar y construirse a sí misma.

La protagonista (Emma Mackey, a quien vemos en Sex Education y Barbie) es una joven política idealista que intenta abrirse paso en un entorno donde la ambición, las expectativas y la presión pública pesan tanto como las decisiones privadas. Su aspiración a convertirse en gobernadora no es solo un objetivo profesional, sino también un intento de afirmación personal. Sin embargo, su carrera se convierte pronto en un terreno lleno de contradicciones: cuanto más alto aspira a llegar, más evidente se vuelve el peso de su historia familiar.

James L. Brooks, uno de los grandes nombres de la comedia norteamericana —creador de Los Simpson y responsable de títulos como Mejor… imposible, La fuerza del cariño o Spanglish— vuelve a demostrar aquí su habilidad para moverse entre el humor y la melancolía. Su cine siempre ha sabido encontrar humanidad en los personajes imperfectos, y Ella McCay no es la excepción.

La película acierta precisamente al visibilizar la complejidad afectiva que deja la infidelidad dentro de una familia. No se trata únicamente de una crisis matrimonial, sino de una herida que alcanza también a los hijos. En el caso de Ella, esa fractura se convierte en una especie de eco emocional que resuena en sus propias relaciones sentimentales y en su necesidad casi obsesiva de demostrar que puede sostenerlo todo: su carrera, su independencia y su identidad. Brooks no reduce ese conflicto a un simple trauma. Más bien lo presenta como una lucha que acompaña a la protagonista en su desarrollo personal. Y la luminosidad, en este recorrido, llega con la maravillosa Jamie Lee Curtis: Su personaje introduce una bocanada de aire fresco en la narración y funciona como un inesperado salvavidas emocional para la protagonista. Curtis aporta esa mezcla de ironía, calidez y sabiduría que el relato necesita para no quedar atrapado en su propio conflicto.

La película mantiene un ritmo ágil y ocurrente, con diálogos vivos y situaciones que apelan a inquietudes muy contemporáneas: crisis de identidad, ansiedad, inseguridad afectiva o la dificultad de encontrar un lugar propio en el mundo. Todo ello convive con el retrato de una figura poco habitual en la comedia romántica: una gobernadora del estado que la vio crecer. Todo un punto a favor de la mujer trabajadora y luchadora, valiente y vulnerable a la vez. Ese entusiasmo político de Ella, incluso cuando su propio partido parece ponerle obstáculos, añade una dimensión estimulante al relato. En el fondo, Ella McCay habla de la posibilidad de reconstruirse. 

Rosa Die Alcolea

https://www.youtube.com/watch?v=-9bnf-Jn1uI

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