El rostro del perdón       

Crítica

Público recomendado: +14

La segunda potencia mundial a nivel cinematográfico se encuentra en la India y la conocemos como Bollywood; un lugar donde, con sueldos míseros, trabajan muchos extras y tan solo cobran las grandes estrellas del reparto. Sus coreografías son conocidas en todo el mundo, destacando por su espectacularidad y originalidad, pero lo que nos trae en esta ocasión a la India es El rostro del perdón.

La cinta en cuestión nos cuenta una historia que gira en torno a la beata india Rani Maria quien, inspirada por Santa Teresa de Calcuta, se ordenó religiosa optando por los más pobres entre los pobres en una sociedad dividida por castas. La película se sigue con interés gracias al buen hacer de la protagonista,Vincy Aloshious, al mostrar la sencillez, la simpatía y el carisma de una mujer que se muestra incansable en su labor de entrega a los demás, a pesar de las zancadillas de personas malintencionadas, la incultura y la superstición de ese lugar del mundo.

La dirección ha corrido a cargo de Shaison P Ouseph, con guion de Jayapal Anandan. Esta religiosa misionera hace honor a las propuestas de San Juan Pablo II y Benedicto XVI, en las que se dice que la ciencia y la fe deben ir de la mano; pues Rani María confiaba plenamente en Dios, pero era consciente de que la ciencia es la que puede salvar vidas. Para ello, esta gran mujer habla al corazón de varios médicos para que se impliquen en los pueblos que carecen de sanidad.

El cineasta refleja cómo la oración y la Eucaristía son la fuerza que esta mujer necesita para seguir ofreciendo luz entre tanta oscuridad e injusticia, acordándose de los más débiles y de las mujeres que son ninguneadas. El director no tiene reparo en mostrar con toda crudeza la maldad y los abusos de los caciques del pueblo de turno. La protagonista tiene dilema morales sobre el sentido del deber entre cuidar a su hermana y abandonar a esa pobre gente.

Este largometraje logra mostrar con acierto el funcionamiento de una comunidad religiosa donde el orden tiene su sentido, pero se es flexible ante los imprevistos, y en la que se percibe que, para su protagonista, el amor y servicio al prójimo están por encima de su propio bienestar en una cinta que también tiene un componente social, que intenta que los más desamparados de la India puedan ser independientes formándose para una profesión. Sin embargo, el as en la manga de esta película es el valor del perdón y tan solo por esa escena ya merece la pena ver esta producción que toca el corazón.

Víctor Alvarado

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