El arquitecto

Crítica

Público recomendado: Todos los públicos.

La historia de Otto von Spreckelsen, un profesor de Copenhague, que sorprendió al mundo al ganar el concurso de arquitectura para el Arco de La Défense en París, convocado por el presidente francés François Mitterrand. Historia y defensa del creador y de su obra.

1983. El nuevo gobierno francés convoca el mayor concurso de arquitectura de la historia. Codiciado por todos los grandes estudios internacionales, el ganador es, sorprendentemente, un absoluto desconocido: Johan Otto von Spreckelsen. Hasta entonces, este danés de cincuenta años solo había construido cuatro edificios: su casa y tres iglesias. De la noche a la mañana, “Spreck” se convierte en el centro de todas las miradas. Y lo más importante, va a liderar un proyecto colosal con enormes expectativas políticas y económicas: la construcción del Arco de la Defensa de París, la ciudad cartográfica, imperial y de urbanismo históricamente considerado como sublime.

Los arquitectos suelen quejarse de que el cine les cuenta mal, marcados por traumas como en The Brutalist, amantes como en La comuna y hasta con superpoderes como en Megalópolis. Biopics sobre grandes arquitectos como Alvar Aalto, o Frank Lloyd Wright donde el hecho de dinamitar tu propia obra (El manantial) siempre tiene más morbo.

En esta ocasión, Stéphane Demoustier en su quinto largometraje El arquitecto (2025), antes Borgo (2023) y La chica del brazalete (2019), dos historias criminales que contrastan con esta historia real basada en la novela de Laurence Cossé, L’Inconnu de la Grande Arche, el título original de la película. En El Arquitecto, subraya cómo la ignorancia, la mediocridad y la burocracia, se convierten en fuerzas que asfixian al individuo, en este caso un creador íntegro y visionario, íntegro tanto con su obra como consigo mismo.

François Mitterrand accede a la presidencia de Francia en 1981, con la idea de desarrollar un ambicioso programa de encargos públicos en París con el que pasar a la historia, los Grands Projets. El arquitecto barcelonés Oriol Bohigas cuenta que formó parte en 1983 del comité que decidiría sobre uno de los concursos más importantes: el remate del eje de los Campos Elíseos en el barrio de negocios de La Défense.

Se presentaron más de 400 propuestas de todo el mundo, lo que auguraba un proceso complicado para la elección del ganador; hasta que su presidente, Robert Lion, rescató “entre los desechos” unos croquis “algo primarios, pero bastante expresivos”, según el relato de Bohigas. Los dibujos mostraban un portal cúbico y colosal que se alineaba con la perspectiva que une el Louvre con el Arco del Triunfo, la espina dorsal de París. Una osadía fantástica para un París contemporáneo.

A Mitterrand (Michel Fau) le cuesta pronunciar el nombre del ganador del concurso: el danés Johann Otto von Spreckelsen. Nadie en la sala tiene la menor idea de quién es. Un gozoso Spreckelsen celebra con su esposa el premio, pero lo que se avecina es una inmersión kafkiana en los mecanismos de toda obra pública, los vaivenes de la política, la ignorancia más absoluta y la falta de respeto al creador y su obra, y el drama del choque cultural.

El Gran Arco, se terminó en 1989 a tiempo para el bicentenario de la Revolución y en mármol de Carrara. Hubo que sustituirlo por granito en 28 años después debido a problemas de mantenimiento. Pero ahí queda, como señal de defensa del talento y de la lucidez que otros nunca olerían.

María Molina

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=IIUymyEl4qs

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