Crítica
Público recomendado: +14
![]()
La directora Julia de Paz Solvas debutó con éxito con la película Ama, que fue su ópera prima. En esta ocasión presenta La buena hija, una obra que se percibe que está muy bien trabajada y que ha contado con psicólogos y asesores para tratar un tema tan delicado como el de la violencia doméstica.
La mencionada cineasta viene con el aval de haber trabajado junto a una directora de éxito como Alauda Ruiz de Azúa, ganadora de varios Goya por su película Los domingos, en la serie Querer. Esta realizadora es hija de un médico de la sanidad pública y una educadora social, y hablaba muy bien de su familia en declaraciones a Fotogramas, como debe ser: «De él he heredado el amor por el cine desde que era pequeña, ya que me ponía muchas películas de Chaplin en lugar de cuentos de Disney; y de mi madre viene mi preocupación por las películas sociales.
Esta mujer ha escrito esta historia junto a la guionista Nuria Dunjó. Por lo visto para ambas era muy importante enseñar y constatar que la violencia tiene muchas más capas de lo que, social y culturalmente, nos han hecho entender. No hace falta que haya violencia física. Ellas quisieron transmitir que había algo tenso que no explota del todo hasta avanzada la película.
Además, su reflexión creo que es bastante acertada de lo que pasa en ocasiones: “Durante una gran parte de la historia, Carmela rechaza la feminidad porque la relaciona con la debilidad de su madre y la posibilidad de ser una víctima; raparse la cabeza forma parte de un juego de mimetización hacia el padre.”
Algunas de estas producciones comenten el error de mostrar el problema, tildándolo de violencia machista o hablando de la necesidad del empoderamiento de la mujer, lastrados por la ideología. Sin embargo, esta directora acierta al mostrar el problema con las luces y sombras de la vida de una familia y se percibe un enorme trabajo de documentación en el tema, pues se han entrevistado con familias, hijos, psicólogos o trabajadores sociales. La labor de la niña debutante Kiara Arancibia es realmente buena y nos parece verosímil (además, se ha cuidado que esta adolescente no sufra psicológicamente interpretando su personaje y optando por el trabajo de una coaching, que por ejemplo se le invitaba a hacer ejercicio intenso para dar un sensación de ansiedad), así como la intervención de Julián Villagrán que quiere ser más el colega que el padre de su hija.
Esta historia cuenta la vida de una niña, cuyo padre es artista, pintor de brocha fina, separado de una mujer que ha caído en depresión ante un divorcio doloroso por una persona tóxica. Esta producción va al fondo del problema, teniendo en cuenta todas las variables, narrado con planos sugerentes, inquietantes, y ofreciendo momentos de esperanza para no asfixiar al espectador.
La luz de esta historia es la abuela, que es el faro que ilumina la vida de una niña, y un grupo de amigas que le darán cierta seguridad ante una madre desbordada por la situación. La virtud de la producción es el modo en que la realizadora nos cuenta la vida de una niña que quiere a sus padres y que no quiere hacerles daño, a pesar de los muchos gestos de desprecio de un padre que se cree el centro del mundo y no sabe, o no puede, tratar a los demás con el cariño y el respeto que se merecen. Esta directora promete.
Víctor Alvarado
https://www.youtube.com/watch?v=81GJr4iu4Ww