Crítica
Público recomendado: +18
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Cuando Quentin Tarantino estrenó Kill Bill volumen 1 y volumen 2 en 2003 y 2004 respectivamente, poca parte del público sabían que en realidad estaban viendo lo que en principio se había concebido, rodado y montado como una única película. Pero el montaje original duraba casi cuatro horas, y los productores le tuvieron que convencer a Tarantino de que no era práctico ni rentable estrenar una película así en salas comerciales. El director aceptó, dividió su montaje en dos, y realizó algunos ajustes para estrenarla como dos películas separadas. Solo algunos afortunados habían visto hasta ahora el montaje original, y finalmente llega su estreno oficial, aunque de forma limitada.
¿Cuáles son las diferencias entre la versión ya estrenada en dos partes y este The Whole Bloody Affair? Lo más llamativo es una secuencia completa que fue eliminada del fragmento de animación donde se narra el origen de O-Ren. También la presencia de planos que fueron eliminados para suavizar la violencia del filme; asimismo, la pelea contra los “88 maníacos” no cambia a blanco y negro (recurso que se usó para evitar mostrar el color de la sangre) y contiene algunos momentos inéditos.
Resulta también curioso cómo el final de la primera parte y el comienzo de la segunda son diferentes, ya que en su momento se alteraron para dar una sensación de continuidad a los espectadores que iban a ver ambas con un año de diferencia.
Finalmente, después de los créditos finales recibimos un regalo sorpresa en forma de un corto animado que adapta una secuencia escrita, pero no rodada, de la película.
Al margen de estos aspectos, existen otras diferencias más sutiles en el montaje que solo los más observadores entusiastas del director podrán apreciar.
Algo que llama la atención de este montaje (recordemos, la versión primigenia y original de su director) es lo bien que funciona como película única. Sorprendentemente, las casi cuatro horas de metraje se pasan volando (con la ayuda, eso sí, de un intermedio de unos 15 minutos). Kill Bill muestra a Tarantino en la plenitud de sus capacidades, disfrutando de su profesión: exprimiendo cada momento narrativo con una idea cinematográfica genial. Reutilizando referencias procedentes de cine de toda época y pelaje, sí, pero incorporándolas en un mundo propio y personal absolutamente cautivador.
Y a pesar de que la historia gira en torno a un sentimiento tan poco edificante como la venganza, también nos muestra la necesidad de los vínculos incluso en el delirante mundo de estos asesinos profesionales.
Diálogos ingeniosos, un reparto de lujo, una producción impecable, cinefilia desbordante… cuesta encontrar razones para no acercarse a disfrutar de esta gran película, por primera vez tal como la creó su autor.
Federico Alba.
https://www.youtube.com/watch?v=_Y2IG716Pa4