Atrapando a un monstruo

Crítica

Público recomendado: +16

Si decimos “fantasía” automáticamente sale a relucir un nombre: Tim Burton. Pues bien, la película que nos ocupa, Atrapando a un monstruo, no es suya pero bien podría haberlo sido. En este caso es de Bryan Fuller, de quien en seguida comentamos trayectoria. Vuelve a unirse a Mads Mikkelsen para entregar un surrealista cuento… para no dormir.

Aurora, una niña de 10 años, está convencida de que el monstruo que vive bajo su cama se ha comido a su familia. Cuando descubre que su vecino (Mads Mikkelsen) es un asesino a sueldo, decide contratarlo para cazar a la criatura. Para protegerla, el sicario tendrá que abrirse paso entre una oleada de matones liderados por Sigourney Weaver y asumir que, a veces, los monstruos existen de verdad.

Vamos con lo que prometíamos antes: Fuller es director novel ya que sus labores en Hollywood hasta ahora se habían limitado a ser guionista de series, entre ellas, las más conocidas seguramente sean American Gods y Hannibal, esta última protagonizada por el siempre estupendo Mikkelsen, que duró tres temporadas y dejó claro que uno de sus puntos fuertes era el poderío visual, muy por encima de la media. Ejerce aquí también de director y pergeña una historia original a la que dota, nuevamente, de una fabulosa imaginería que haría sentirse orgulloso al mismísimo Tim Burton por unir una fotografía de colores muy vivos, unos ángulos de cámara extremadamente forzados y una trama surrealista a más no poder.

Se le ha reprochado que técnicamente no es precisamente perfecta con un CGI llegando a cutre, pero es que es así precisamente lo que le da ese valor “a lo Burton” y hace que el metraje tenga “aroma” a cuento. El comienzo, con un fantástico plano secuencia, es una excelente introducción para lo que está por venir.

Fuller aborda, aunque muy superficialmente, los miedos infantiles y la evolución de un personaje solitario para el que vuelve a confiar en Mikkelsen y mostrar cómo poco a poco, y sin quererlo, va a ver su mundo trastocado. Una pena que en un reparto tan magnífico también con Sigourney Weaver ésta tenga un papel tan pequeño, pero es de reconocer que, cuando aparece, la pantalla se ilumina aún más.

Toda la primera parte de la película apenas tiene diálogos haciendo bueno el dicho de “don’t tell me, show me”. La segunda parte es radicalmente distinta pero los diálogos no sobran, y de hecho se echan en falta más para explicar muchas cosas que quedan en el aire. Y una pena que se muestre un momento religioso tan brevemente y además con el fin que tiene, pero bueno, no es irrespetuoso.

Fuller logra una historia absolutamente impactante a nivel visual que es muy poquita cosa a nivel narrativo pero funciona gracias a unas actuaciones excelentes (también muy bien la jovencísima Sophie Sloan) y un ritmo muy medido, además de un metraje que no se alarga: 106 minutos. Evidentemente no es para menores de edad ni para ver en familia ya que tiene violencia y un tramo final, digamos, desbocado (y muy divertido, no nos vamos a engañar). Para su próxima película ojalá nos dé una historia más trabajada.

Miguel Soria

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad