El diablo viste de Prada 2

Crítica

Público recomendo: +11

Con uno de los taconeos más reconocidos de la historia, Meryl Streep entra de nuevo en escena encarnando a la imponente Miranda Priestly. Aquella “diablo de la moda” que sabe decirte el origen de cada prenda que lleves puesta.

Justo 20 años después del estreno del primer El Diablo viste de Prada (2006), David Frankel vuelve a regalarnos la historia de Andy Sachs (Anne Hathaway), que después de esta doble decena se ha convertido en una reconocida periodista, pero que, quien lo iba a decir: vuelve a trabajar para su primera jefa. 

Se repiten todos los personajes principales: la mano derecha de Miranda, el querido Nigel, interpretado por Stanley Tucci y la antigua primera ayudante, Emily (Emily Blunt), que ha pasado a convertirse, ni más ni menos, que en la ejecutiva de Dior.

Además, grandes estrellas aparecen en la pantalla: Donatella Versace, el jugador de la NBA Karl Anthony Towns, la modelo alemana Heidi Klumm o la cantante/actriz Lady Gaga. Incluso actores de diferentes series o películas conocidas haciendo papeles secundarios, como Simone Ashley (Los Bridgerton) o Lucy Liu (Kill Bill), entre tantísimos otros.

Más allá de los datos ya conocidos, esta película, además de ser una continuación del fenómeno que supuso la primera película, expande los límites de cada uno de sus personajes. A diferencia de la primera, es un espacio en que sí se cumplen los deseos y necesidades de sus protagonistas, después de, como todo viaje del héroe, atravesar algunos obstáculos.  Mientras que una regala lecciones como la renuncia y el conocimiento de los propios límites, la otra habla de la lucha por aquello que uno ansía, la ambición en el mejor sentido de la palabra. De aprender a escuchar la voz que habla desde lo profundo del ser. Son películas enmarcadas en su contexto: aunque el aspecto es y seguirá siendo un aspecto fundamental en la moda, como lo fue en la primera película, la segunda lleva la atención a la realización, pero de una manera diferente a como se planteaba la primera película. Trata de responder a una de las preguntas más difíciles con total honestidad: ¿si mañana te despertaras para hacer lo que amas, lo que quieres, ¿cuál sería tu respuesta? Vemos a una Miranda más humana, que deja de ser un diablo para convertirse en humana.

Trata temas tan variados dentro del mundo de la moda, la comunicación y el trabajo: la pérdida repentina de un trabajo por “cambios de estrategias” dentro de la empresa, la ambición y el deseo de escalar jerárquicamente, el reto de la transición digital o las nuevas tecnologías para una revista de moda, la amistad en el trabajo, la fidelidad profesional… o la huella que se deja en el lugar en el que un día trabajaste y como esta puede brindarte nuevas oportunidades inesperadas. De entender cuando hacerse a un lado y cuando plantarse delante, firme. 

Una peculiaridad de la versión doblada al castellano que vale la pena mencionar es la actriz de doblaje que pone la voz a Meryl Streep. Su antigua voz, Rosa Guiñón, murió hace 4 años. “Miranda se quedó sin voz” y ha sido su hija la que ha vuelto a dársela, Rosa María Hernández Guiñon, que grabó emocionada su voz tomando como referencia la de su madre en la primera película.

Por último, si hubiera que elegir una ciudad ideal para ver en cines esta película, sería Milán. Esta ciudad cobra muchísimo protagonismo en la película, mucho más evidente que la ciudad de París en su primera entrega. Después de ver algunos de los lugares más importantes de la ciudad en la presencia de sus protagonistas, uno puede visitarlos con nuevos ojos. Y quién sabe… tal vez hasta imaginarse un taconeo lejano.

Adriana Cembrero Galiano

https://youtu.be/IQD3qh7te2o

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