Crítica
Público recomendado: +18
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Parece que la moda de pasar de YouTube a las salas de cine va en aumento y que hacer cine comercial es más fácil que antes. Así lo ha demostrado Keane Pixels con Backrooms este mismo año y ahora llega otro director que hace lo propio: Curry Barker con Obsession, aunque en este caso el largometraje no está basado en metraje previo sino que es una idea original.
Tras usar un misterioso objeto para conquistar a su amor platónico, un romántico empedernido verá cumplido su mayor anhelo…, pero no tardará en descubrir el oscuro y siniestro precio de algunos deseos.
Dice un muy admirado compañero de profesión que esta película le recuerda a Big (Penny Marshall, 1998), y lo cierto es que la similitud es grande, pero personalmente me recuerda mucho más a la saga Wishmaster (Robert Kurtzman, 1997) por el “ten cuidado con lo que deseas porque no solo se puede hacer realidad, te puede llegar a costar la vida o a alguien de tu entorno”. Recordemos que la diabólica película en cuestión tenía como protagonista a un brujo que concedía deseos pero en el mal sentido: te daba lo que le pidieras a costa de sufrimiento propio o ajeno. Obsession va por ese camino, y de hecho el nombre lo dice todo.
Bear, el protagonista, no logra abrir su corazón a Nikki, su mejor amiga, así que decide tirar por un atajo: un objeto, en teoría mágico, que obligará a la susodicha a quererle “más que a nada o a nadie en este p*to mundo” (la cita es textual). Pero claro, la falta de medias tintas, de un poco de mesura o de respeto a la otra persona marcan la diferencia, y si a eso sumamos el egoísmo propio de no aceptarse a uno mismo (ser incapaz de expresarse) ni aceptar la decisión del otro (no sentir lo mismo) el resultado es, sencillamente… una obsesión, y vaya obsesión.
El guion del mismo Curry Barker está bien planteado y, hay que reconocerlo, correctamente llevado, al menos hasta el tercio final de película, donde la cosa es verdad que se desmadra mucho, pero también lo es que sería la evolución lógica de alguien que no está en sus cabales y que entra dentro del terreno de esa obsesión enfermiza que recoge el título. Por desgracia en la vida real no faltan ejemplos de cosas terribles hechas por personas que confunden el amor con la posesión total de la otra persona.
El director no pretende dar miedo, para eso hay otras sagas y grandes directores, sino hacer sentir incomodidad y vergüenza ajena, aunque eso no quita que no haya algunos sustos bien resueltos. En su objetivo se vale de un estupendo trabajo de fotografía por parte de Taylor Clemons que juega maravillosamente bien con las sombras, sobre todo para con la protagonista, dando a entender ese lado oscuro que la está invadiendo. En este sentido Inde Navarrette está absolutamente fenomenal como Nikki, esa adolescente que, sin quererlo ni buscarlo, se siente obligada a estar al lado de Bear. Fantásticos esos momentos incómodos (algunos los llaman ‘cringes’, me niego a usar un término extranjero) de la actriz en silencio absoluto durante largos segundos, aunque hay alguno que otro que dura demasiado; también otros de gritos desmedidos que se cortan súbitamente. Menos logrado está Michael Johnston como Bear ya que sus comportamientos y reacciones resultan erráticos y hasta contradictorios, provocando que apenas se pueda empatizar con él.
La pena es, por una parte, un no explícito pero sí desagradable encuentro sexual totalmente innecesario y, por otra, algunas blasfemias fuera de lugar. Un poco más de contención habría venido bien, también por la parte del gore, que resulta exagerado. Tampoco quedan claros algunos aspectos que se introducen en la historia cuando ya está muy avanzada y que cuestionarían la base misma; intentan aportar algo de claridad pero casi consiguen lo contrario.
Es una ópera prima y se pueden entender estos fallos porque el director habrá buscado que nadie le pueda tachar de no responder a todo, de andarse con medias tintas o de tener miedo a mostrar la radicalidad. El problema es que eso ya está muy visto y que casi siempre se agradece más la originalidad que lo explícito. En todo caso queda un filme muy interesante que habla sobre el deseo personal, la frustración y los peligros de buscar atajos ante algo tan importante como el amor, el enamoramiento y el respeto al ser querido sobre todo cuando este no siente lo mismo. Solo es para mayores de edad por el fondo y la forma, pero ojalá que en las siguientes películas veamos una contención mayor que las haga aptas para un público más amplio.
Miguel Soria