Crítica
Público recomendado: +16
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Cuando la taquilla ha estado durante varios meses dominada (y saturada) de comedias más o menos divertidas y facilonas que intentaban imitar el éxito de la saga Padre no hay más que uno de Santiago Segura, llega una apuesta distinta: un thriller que incorpora elementos de intriga y terror con muy pocos personajes y una atmósfera que casi ahoga. Hugo Stuven presenta El nido, con Michelle Jenner, y el resultado es aceptable, mucho más de lo que pueden decir otras apuestas similares.
Marta vive obsesionada con proteger a su familia del aterrador mundo exterior. Para ello, mantiene encerrados en su casa a su madre y a su hijo pequeño. Todo parece estar en orden hasta el día en que llega Velasco, un hombre capaz de despertar en Marta la oscuridad que esconde dentro.
Recuerda mucho la premisa a la de Nunca te sueltes (Alexandre Aja, 2024), comentada en esta web: madre que intenta cuidar de su familia porque en el exterior hay un mal horrible que amenaza a los que se atreven a salir del hogar familiar. ¿Ha habido un apocalipsis ahí fuera o realmente hay una maldición? No importa, lo único esencial es no salir y mantenerse aislados. También hay ecos en cierta medida a El bosque (M. Night Shyamalan, 2004), aunque en ese caso era todo un pueblo el que no debía salir del recinto por unas horribles criaturas.
Consciente de que “el mal invisible” (lo de “el mal” se dice explícitamente) es un recurso muy manido y de que limitarse a una ubicación puede aburrir y hace falta algo más, el director Hugo Stuven, con guion suyo y de Santiago Lallana y César de Nicolás, compone un relato que se sustenta en el excelente trabajo de los actores, sobre todo de Michelle Jenner (quien además goza de una dicción perfecta, rara avis en el sector, no en vano es actriz de doblaje profesional) y unas miradas tan intensas como la insana atmósfera que la rodea. También está genial Luisa Gavasa como abuela desquiciada.
Logra el director una atmósfera tan opresiva como angustiosa y, sobre todo, dosifica bien la información para mantener al respetable interesado en lo que realmente ocurre y hacerle preguntarse si están todos tan locos como parece o si realmente hay un mal fuera. El arranque es algo lento, pero ayuda a ver con detalle la vida en la casa, un lugar en el que se ha renunciado a todo lo que sea digital o electrónico, y que nos recuerda que las muchas comodidades de las que gozamos hoy en día antes no existían y que la comida y la bebida se lograban con el trabajo manual y el sudor de la frente. Dicho de otra forma: que para que nosotros tengamos un filete en el plato hay alguien que ha madrugado mucho y trabajado sin descanso, muchas veces con una ganancia económica ridícula, aunque ese es otro asunto.
La pena es que el director inserte algunos toques sexuales, por fortuna no explícitos pero sí parcialmente visibles y perfectamente audibles, que eran realmente innecesarios. Con haberlos sugerido habría bastado y, de paso, elevado la calidad del conjunto.
En todo caso lo mejor es el tramo final, con un desenlace coherente aunque con giros de guion un tanto forzados que deslucen un poco el clímax, pero el fabuloso trabajo de cámara dentro de un espacio reducido compensa sobradamente. Ah, y se agradece mucho que en esta ocasión no haya espacio para las blasfemias. En el sentido religioso hay una amplia mirada a la fe y a la redención, aunque el personaje que más reza esté, a la vez y curiosamente, fuera de sus cabales, pero en ningún momento se ridiculiza la mirada trascendental.
Así que El nido, sin ser la panacea del cine de misterio y coqueteando con el terror, es una aceptable película, eso sí, no apta para los pequeños ni los jóvenes, que vuelve a mostrar que las películas patrias pueden acertar en su medida si la historia está bien contada y los actores están metidos en sus papeles.
Miguel Soria