El ladrón de palabras

El ladrón de palabras

Público recomendado: Adultos 

Cualquier muro abruma cual metáfora del perdón a uno mismo, máxime cuando no podemos pasar de puntillas por los hechos y debemos ir al fondo de nuestros actos infringidos. Es el mensaje recurrente de El ladrón de palabras con el que se estrenan detrás de la cámara los guionistas y amigos de siempre Brian Klugman y Lee Sternthal (guión de Tron Legacy, series para televisión como De locos).

Rory Jansen (Bradley Cooper, Historias de San Valentín y Sin límites), literato frustrado, encuentra casualmente un manuscrito que decide publicar bajo su nombre para perfeccionar su necesidad de escritor y obtener el reconocimiento de los suyos. Al presentarse como autor cruzará la línea y mantendrá la mentira ante su mujer, sus padres y su editor, pero la vida le alcanza y aparecerá el verdadero autor que le obligará indirectamente a que haga las cuentas consigo mismo.

Los directores son guionistas en la historia que, como el encaje de las muñecas rusas, va destapando las heridas de los implicados. La trama tiene varias subcapas dentro de la principal, trenzadas con aplomo y convicción en un montaje sólido que afloja nudos en desvelar cómo se abren las grietas personales en la vida. “Elegimos continuamente, pero lo más difícil es vivir con las consecuencias de nuestros actos”, dirá uno de los protagonistas (Jeremy Irons).

En una magnífica interpretación, Irons, abre también sus heridas y pondrá contra las cuerdas a Jansen para que realice su necesaria catarsis. El tercer eslabón de esta concatenación de espejos o de la escritura dentro de la escritura es Clay Hammond (Dennis Quaid), narrador principal de la ignominia de Jansen y de quien ha plagiado, y de la suya propia.

El filme aborda la ética de cómo estar decentemente de pie delante de la vida, intento voluntarista kantiano imposible de cumplir y que lleva al fracaso, de ahí el halo de tristeza y el final abierto que plantea la cinta. Si no hay Dios, y en la cultura moderna no ha sido invitado, todo es un intento de ajustar pacientemente los descalabros con uno mismo o bien recurrir a la ayuda del psicólogo. Fuera de esto, se apunta la vía del perdón pero faltaría llevar este planteamiento hasta el fondo para ver sus consecuencias sanadoras; Klugman y Sternthal no son Tarkovsky.

Con todo el intento de El ladrón de palabras es más sincero en provocar el problema de qué hacer con las consecuencias de nuestros actos sobre otros que, por ejemplo, los últimos filmes de Woody Allen que transitan por la vía complaciente o cínica, casi en iguales proporciones. 

Enrique Chuvieco

 

Ficha técnica:

(Thewords, USA 2012)

Dirección y guion: Brian Klugman y Lee Sternthal (1º PELÍCULA).

Interpretación: Bradley Cooper (Rory Jansen), Jeremy Irons, Dennis Quaid (Clay Hammond), Olivia Wilde, Zoë Saldana, J.K. Simmons, Nora Arnezeder, Ben Barnes.

Duración: 97 minutos

Género: Drama

 

 

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