Público recomendado: Adultos
Allá por el año 1952 un escritor escocés llamado Ian Fleming comenzó a escribir las aventuras de un sofisticado espía británico que se convertiría en pocos años, en el más famoso agente secreto de la historia conocida de este planeta, su nombre: Bond, James Bond. Varios han sido los rostros que ha tenido en su adaptación cinematográfica: el primero Sean Connery con su elegante y varonil presencia, que encarnó al agente secreto siete veces (aunque sólo seis son oficiales); el segundo fue George Lazenby que tan sólo lo protagonizó una vez; el tercero fue Roger Moore con siete películas; el cuarto fue Timothy Dalton con dos; el quinto, Pierce Brosnan con cuatro, y por último, Daniel Craig que parece haber retomado la presencia imponente del personaje original; y que lleva hasta la fecha tres películas rodadas y, al menos una más, cerrada por contrato.
Más allá del rostro que encarne el personaje existen una serie de señas de identidad que marcan al personaje de forma única: sofisticación, fortaleza, gusto por las mujeres, amor a la patria hasta el sacrificio y, quizás, una actitud cínica motivada por varias “traiciones” afectivas y por haberse criado huérfano. Todo ello rodeado siempre de los famosos “gadgets” de James Bond, es decir, esos juguetes propios de un espía que aparentando ser objetos ordinarios esconden un arma secreta. Con Skyfall se cumplen 50 años desde el estreno de la primera película de Bond, Agente 007 contra el Dr. No (1962) y se debe decir desde el principio que Skyfall, dirigida por Sam Mendes sobrepasa la media de toda la Saga de James Bond posicionándose en ocasiones al nivel de Casino Royale (2006) incluso abriendo nuevas vías narrativas que podrían dotar de consistencia a una saga caracterizada más por su superficialidad y vaciedad que por su hondura dramática y humana.
Tras un espectacular arranque propio de la fastuosidad vacía de esta saga, descubrimos que el M16 (el servicio secreto británico) ha sido atacado y que “M” corre un gran riesgo al ser misteriosamente el objetivo principal. En esta nueva entrega la lealtad de Bond a M se pondrá a prueba cuando el pasado vuelva para acosar a ambos. James Bond y todo el servicio secreto británico entran en una crisis que de alguna forma resulta un reflejo de la actual y a la vez una ocasión para reflexionar sobre ella; generando así el ambiente narrativo adecuado para ir al origen de los personajes y de su identidad. Son varios los temas tratados pero caben destacar los siguientes: el progreso tecnológico y su avance vertiginoso (imagen de la autosuficiencia) no son signo de una seguridad verdadera (a nivel colectivo) ni tampoco parecen ser respuesta al drama de la emergencia afectiva (a nivel individual) que en la película se puede ver, por ejemplo, en las contradicciones y matices del villano, fabulosamente interpretado hasta el exceso por Javier Bardem; o en el deseo contenido que expresa la bella Sévérine de ser rescatada de una historia personal concreta. Se agradece, por cierto, un guión que haya dedicado tiempo a la construcción de Sévérine al menos para mostrarnos una mujer con su historia y no la carcasa de una bella mujer sin mujer, que es como suelen tratar en esta Saga a las chicas Bond. La belleza femenina resulta aún más bella si se presenta la humanidad que porta, es más, resulta aún más excitante; por lo que notable alto para la deducción que hace James al verle un pequeño tatuaje oculto en la muñeca porque llena de tensión dramática una escena en la que ella queda verdaderamente desnuda con toda la ropa puesta, dando cierta credibilidad al encuentro posterior que tienen ambos bajo al ducha. Sin embargo, el tema principal en el que ahonda Skyfall es en desgranar dónde reside el origen que mueve a James a gastar su vida por su pueblo, por su patria y al servicio de su Majestad. Resulta imposible adentrarse más en este tema sin revelar aspectos vitales de la trama, por lo que sencillamente apunto que es muy interesante la combinación entre: la relación de Bond con M, el pasado de James y su orfandad, y el uso que éste hace de su libertad a pesar de lo que descubre por el camino al que le llevan los acontecimientos. En esta línea se percibe la influencia estética y narrativa de la trilogía de Christopher Nolan sobre Batman; también en la construcción de un villano inteligentemente imprevisible que recuerda al Joker de Ledger. De hecho, si el futuro de James Bond va hacia estas nuevas sendas estéticas auguro alguna similitud más que las comentadas. En cualquier caso, Skyfall nos devuelve a un James Bond mejor construido que promete fortalecer la saga.
La estructura de la película parece estar marcada por la aparición de Javier Bardem, quedando una historia divida en dos partes con un prólogo frenético propio del guión de Neal Purbis y Robert Wade. Sam Mendes (American Beauty/1999, Revolutionary Road/2008) consigue durante la primera parte desmantelar al servicio secreto británico y afectar a Bond, para transmitir una situación de tensión y descontrol en dónde aprovecha para reflexionar sobre el tema de la tecnología/seguridad, comentado anteriormente, mientras que en la segunda parte, pretende llevar hasta el límite las circunstancias con la presencia de Bardem para poder explicar así la diferencia qué radica entre ellos y qué le aporta a James su relación con M. A pesar del acierto en la estética elegida, por una notable fotografía y una excelente puesta en escena, el ritmo resulta en ocasiones lento. En conclusión podemos afirmar (y agradecer) a Sam Mendes y a la familia Broccoli (máxima responsable de la saga Bond y propietarios de Eon Productions Limited y Danjaq LLC que producen las películas de James Bond desde el Reino Unido), por Skyfall; un notable intento de reformular desde las tripas al agente secreto más popular de la historia, para hacerlo más realista, más creíble y más cercano. Bárbara Broccoli, hija de Albert R. Broccoli que fue el hombre que llevó a James Bond al cine al comprar los derechos de las novelas allá por los años sesenta, ha dicho recientemente durante la promoción de Skyfall: “A partir de ahora iremos por otros caminos. (…) la palabra Skyfall tiene un contexto emocional que se dará a conocer durante la película”.
Debo reconocer que a primera vista siempre me generan rechazo las gigantescas campañas de publicidad y promoción que rodean a las grandes producciones cinematográficas; tengo la intuición de que con tanto ruido pretenden ocultar algo y distraer nuestra atención. Quizás porque en el pasado se haya hecho promoción de lo malo y uno haya salido del cine con una cierta sensación de estafa. Skyfall no es el caso. Por otro lado, debemos recordar que el cine es un negocio con una industria detrás y la saga de Bond uno de los casos más estudiados; por ejemplo, la primera película de la historia del cine, cuyo presupuesto, de unos 100 millones de dólares fue totalmente cubierto por product placement fue El mañana nunca muere, 1997 con marcas como BMW, L´Oreal, Heineken, Durhill, Ericcson, Omega, Smirnoff, Bollinger o Avis.
Skyfall resuta, pues, un producto digno para el 50 Aniversario de la Saga; todo aniversario (también íntimo, comunitario o institucional) debe generar un espacio de reflexión para volver a partir del origen, para recordar el significado primigenio que una vez dio como fruto el camino ya recorrido; camino lleno de obstáculos, pruebas, aciertos y errores, que requiera quizás de un momento pausado para recuperar el destino, que una vez se intuyó como promesa en aquel encuentro inicial. Skyfall permite volver a comenzar porque nos muestra a un James Bond más presente que nunca, nos muestra su humanidad.
Carlos Aguilera Albesa
Ficha técnica:
Skyfall.
Director: Sam Mendes
Duración: 143 min.
EE.UU., 2012
Género: Acción
Interpretación: Daniel Craig (James Bond), Javier Bardem (Raoul Silva), Naomie Harris (agente de campo Eve…), Bérénice Marlohe (Sévérine), Ola Rapace, Ralph Fiennes (jefe de “M”) y Ben Whishaw (“Q”).