Público recomendado: Jóvenes
El teatro de la cárcel de máxima seguridad Rebibbia, en las afueras de Roma. Acaba de finalizar la representación de “Julio César”, de William Shakespeare. El numeroso público aplaude entusiasmado. Las luces se apagan, y los satisfechos actores retornan a las celdas para recuperar su condición de presos peligrosos. Así comienza “César debe morir”, originalísima película de los octogenarios hermanos Paolo y Vittorio Taviani, autores desde 1954 de algunos títulos clave del cine italiano, como “Padre Padrone”, “La noche de San Lorenzo”, “Kaos”, “Good Morning, Babilonia” o “Las afinidades electivas”. Con “César debe morir” ganaron el Oso de Oro en la Berlinale 2012 y optan ahora al Oscar al mejor filme en lengua no inglesa —en representación de Italia—, así como a tres Premios del Cine Europeo: mejor película, director y montaje. En primer lugar, la película es un homenaje al dramaturgo italiano Fabio Cavalli que, desde hace años, dirige con gran éxito un taller de teatro con los presos de la cárcel Rebibbia. En este sentido, el filme de los Taviani documenta su personal modo de trabajar durante la preparación de la versión del “Julio César” que dirigió en 2011. Pero la película es también un acercamiento muy íntimo al alma de sus singulares actores, diversos presos con delitos graves —asesinato, narcotráfico, asociación con el crimen organizado…—, que desatan toda su pasión para encarnar con vigor y veracidad unos personajes inmortales, que —como quizás ellos mismos han vivido— protagonizan una tragedia de lucha por el poder, afán de libertad, traiciones, venganzas y violencia. Cada uno, con el acento de su región de origen, aunque acomodado a la posición social de cada personaje.
Los Taviani exprimen con su cámara las diversas e impactantes tipologías humanas de sus actores, arrancando de ellos unas interpretaciones asumidamente teatrales, pero de una autenticidad apabullante. Y, al mismo tiempo, en su excelente planificación, aprovechan al máximo las enormes posibilidades escenográficas de las diversas estancias de la cárcel Rebibbia: celdas, biblioteca, patios, zonas comunes, puertas y ventanas enrejadas, torres de vigilancia… Todo ello, en un impactante y contrastado blanco y negro, de fulminantes efectos dramáticos, que sólo adquiere color en el prólogo y el epílogo, así como en varios momentos puntuales, relacionados sobre todo con el ansia de libertad de los presos y con sus demonios interiores, que les llevan a veces a mezclar la vida real con la ficción. En este sentido, el tono de la película es más bien triste, pues, aunque subraya la capacidad de redención del arte y el trabajo, no oculta las profundas heridas de sus actores. Uno de ellos lo sintetiza muy bien en la recta final de la película. “Cuando descubrí el arte —señala—, esta celda se convirtió en una auténtica prisión”. En todo caso, se agradece que los Taviani subrayen en los créditos finales los ciertos caminos de rehabilitación iniciados por varios de sus actores.
Queda así una película concisa —75 minutos— y jugosa, quizás minoritaria por sus radicales planteamientos estéticos, pero llamativamente moderna para unos directores tan veteranos y que, sin duda, cabe incluir entre lo mejor del cine italiano de las últimas décadas.
Jerónimo José Martín
Ficha técnica
Cesare deve morire
Dirección: Paolo Taviani y Vittorio Taviani
Italia,2012
Duración: 76 min.
Género: Drama
Interpretación: Cosimo Rega (Casio), Salvatore Striano (Bruto), Giovanni Arcuri (César), Antonio Frasca (Marco Antonio), Juan Dario Bonetti (Decio), Vittorio Parrella (Casca).