Público recomendado: Jóvenes y adultos
Asalto al poder es una nueva vuelta de tuerca sobre el siempre socorrido tema cinematográfico en el que unos villanos tratan de matar al presidente de los Estados Unidos. Y las ha habido de todo tipo, desde las que han entrado en la investigación del asesinato de John Fidgerlad Kennedy con JFK de Oliver Stone a la cabeza, pasando por En la línea de fuego y Air Force One, ambas de Wolfang Petersen hasta las más recientes En el punto de mira de Pete Travis, La conspiración de Robert Redford u Objetivo la Casa Blanca de Antoine Fuqua. Ahora se estrena Asalto al poder de Roland Emmerich, una película tan absurdamente entretenida que el público disfrutará de un ejercicio palomitero de primer nivel sabiendo que lo que ve es absolutamente falso.
Para dar forma a este complot de rapto y posterior asesinato del presidente de los Estados Unidos, al que da vida muy correctamente Jamie Foxx, el guión de James Vanderbilt posa su mirada sobre la idea clásica del tipo corriente forzado a vivir algo extraordinario. Algo que ya inventó Chaplin y que sublimó Hitchock, pero, como hoy ya nadie se inventa nada, eso se lo perdonamos. El héroe de esta historia es John Cale (Channing Tatum), un policía del Capitolio que el mismo día que va a la Casa Blanca a pedir un puesto en el servicio secreto es testigo y víctima de un secuestro por parte de unos terroristas paramilitares, eternos decepcionados con el trato que les dio su Gobierno cuando ellos luchaban por su país y no contra él. Con su hija de por medio dando tumbos y grabándolo todo con el móvil, Cale se convertirá en la única posibilidad de salvar al presidente y con él, al mundo. Mientras, por supuesto, las cámaras de la CNN lo graban todo en directo desde las anchas avenidas de Washington y los espectadores reciben una lección del protocolo de actuación cuando el presidente se ve privado de su cargo. Por si las moscas.
Con un presupuesto de 150 millones de dólares destinados, en su mayor parte, en dar forma física a una historia plagada de pirotecnia, no hay en ella nada de verosimilitud y adolece de una falta de ritmo y de química entre sus protagonistas que va in crescendo a lo largo de la cinta. Sin embargo, y he aquí la hechizo del cine, también hay en Asalto al poder algo que atrapa y embauca, que permite perderte y que también obliga a pensar en nuestros miedos e inquietudes. Cinematográficamente superada la resaca del 11/S, como se superó en su día la de la Guerra Fría, el filme nos obliga a preguntarnos: ¿y si nuestros peores enemigos están dentro de casa? En una sociedad donde el sentimiento patrio está tan desarrollado, cintas como ésta no sólo tocan el corazón, sino que su estreno en pantalla grande se convierte en algo casi obligatorio. Porque si a una historia de Casa Blanca, presidente negro, héroe por accidente y paramilitares cabreados le añadimos una niña con problemas de comunicación con su padre pero que se sabe de memoria la Constitución de los Estados Unidos, un neonazi con ganas de cargarse a alguien, un hacker flipado de la música clásica, los túneles por los que entraba Marilyn a ver a Kennedy y un exhibicionismo torticero de las más altas y desarrolladas tecnologías… ¡bam! El cócktail se convierte en algo explosivo. Y resuenan los millones de la caja registradora.
Pero en su virtud palomitera se encuentra su talón de Aquiles cinematográfico. Porque Asalto al poder anda sobrado de explosiones, fogonazos, tiroteos y fantasmadas. Vale que nos quieran matar al presidente de los Estados Unidos, pero que, como en Air Force One le veamos hacer florituras del tipo yo-piloto-mi-propio-avión, perdónenme, en España no nos lo tragamos.
Al margen de esto, qué tenemos: una película de altísimo nivel de producción y ejecución; con un cartel tremendo, complementado por los excelentes secundarios Richard Jenkings, Maggie Gyllenhall (esa ‘feita’ obligatoria en cada generación de actrices de Hollywood) y James Woods (un malo al que adoramos), unas imágenes espectaculares, de esas que se nos quedan clavadas en la retina y padres que quieren mucho a sus hijos y a su patria. Pero también tenemos un producto absolutamente vacío por dentro, que adolece de todas los problemas de los guiones actuales donde prima la idea del espectáculo por encima de la de hacer cine.
Asalto al poder es, en definitiva, una de esas películas mediocres con las que uno se lo pasa pipa. Como el mayor de los bestseller.
Belén Ester
Ficha técnica:
Director: Roland Emmerich
Intérpretes: Channing Tatum, Jamie Fox, Richard Jenkings, Maggie Gyllenhall , James Woods, Jason Clarke.
EE.UU. 2013.
Género: Acción
Duración: 131 min