Público recomendado: Jóvenes
Un tren que sale de la estación es el telón de fondo de una larga pelea a muerte de dos luchadores orientales. Este tiempo dilatado –de imagen onírica- parece una metáfora distintiva de la película esperada –la última fue en 2007- del hongkonés Wong Kar Wai, The grandmaster, filme que consigue condensar ocasionalmente la definición certera de “la película de artes marciales”, pero que sucumbe en otros momentos a un narcisismo nada oriental, o ¿sí?
Se ansiaba la última obra del laureado director chino tras ponernos delante, entre otras, My Blueberry nights, 2046, Deseando amar, Happy togheter, Ángeles caídos y Días salvajes. Seis años ha dedicado para preparar minuciosamente este retrato sobre el Kung Fu y de todo lo que le rodea: sus maestros, sus códigos de honor, sus técnicas de defensa y ataque, su sentir de la vida… En The grandmaster, va volcando una forma de vida que ya conocíamos (aquí llegó hace tiempo la serie televisiva Kung Fu, con David Carradine) en la que subyace la posición vital de quienes la practican.
En la distribución, se acentúa que cuenta retazos de la vida del maestro que enseñó a Bruce Lee -aquel karateka que nos cautivó en los 70 con sus subyugantes patadas aéreas- los secretos del ancestral arte chino de combate, como si no fuera suficiente reclamo el nombre del realizador para llenar las salas de proyecciones.
Es visualmente deslumbrante el inicio del filme. El maestro Ip Man (Tony Leung, Ciudad doliente, Una bala en la cabeza, Deseo-Peligro, Días salvajes) se enfrenta con una veintena de luchadores en medio de una lluvia torrencial que anega de charcos un polígono de batalla de tintes góticos (Wong Kar Wai nos transmite a cámara lenta su fascinación por el agua: cómo cambia y se descompone). Es la rivalidad que enfrenta a los jefes de clanes del Norte y Sur de China en las primeras décadas del siglo XX. El norte tiene a Gong Baosen (Qingxiang Wang), en el Sur su paladín es un deslumbrante Ip Man por su destreza en la técnica Wing Tsun. Los prolegómenos del combate se acuerdan ceremoniosamente en el Pabellón de Oro, un distinguido burdel (sin escenas procaces) donde se juntan los responsables de las familias más importantes de ambas familias. Este lugar refinado lugar esconde también la sabiduría que ostentan algunas prostitutas en distintas técnicas de lucha.
Gong e Ip Man convienen, combinando prudencia y honor, que China es muy grande y que hay sitio para los dos y para difundir sus respectivos magisterios dentro y fuera del país, al tiempo que se preparan para los nuevos tiempos. Nuevos tiempos marcados por la invasión de los japoneses, la llegada de penurias de todo tipo y el enfrentamiento por la sucesión en el liderazgo, como le ocurre a Gong Boesen con su discípulo Ma San (Jin Zhang), quien le arrebata la jefatura del clan. Será la hija de aquel, Gong Er (Zhang Ziyi, Camino a casa, Tigre y dragón, Memorias de un gheisa), una diestra luchadora conocedora de la técnica de las “64 manos”, quien le vengue a pesar de la prohibición del padre.
En declaraciones, Wong War Kay afirma que se ha documentado extensamente sobre las artes marciales en su país, que no se entendería en aquellas décadas sin la práctica de estas técnicas de combate y filosofía de vida que relata en la cinta: “El camino de un gran maestro es ser, conocer, hacer”; “El Kung Fu está entre el plano horizontal y el vertical, la deshonra y la gloria”.
El director, y también guionista, Wong War Kay, es un maestro en muchas disciplinas, como en la fotografía, la planificación y urdiendo atmósferas (claroscuros, contraluces, imágenes en espejos o fumatas) y, en este último aspecto, lo hace con ensimismamiento con lo que “carga” la película con excesivo peso para lo que nos cuenta en algo más de 120 minutos; o, cuando menos, para nuestro rápido modo occidental de ver cine.
Esta dificultad la encontramos también para empatizar con los sentimientos de los personajes -a pesar de primeros planos visualmente potentes que jalonan el filme-, dada su contención emocional, típica de la idiosincrasia oriental.
El resultado final de The grandmaster es cierta desazón porque esperábamos bastante más, máxime cuando hay momentos cinematográficamente sublimes, sobre todo en las peleas, en los que asistimos a un derroche de maestría difícil de aferrar en filmes de este tipo. Con todo, para los amantes del género de calidad, es de visionado obligado.
Yi dai zong shi.
China, Hong Kong y USA. Año: 2013
Dirección: Wong Kar-wai.
Interpretación: Tony Leung (Ip man), Zhang Ziyi (Gong Er), Chen Chang (La Navaja), Qingxiang Wang (Gong Baosen), Tielong Shang (Jiang), Benshan Zhao (Lianshan Ding), Jin Zhang (Ma San).
Género: Biopic, drama, artes marciales.
Duración: 125 min.