Al encuentro de Mr. Banks 
Público recomendado: Jóvenes y adultos
Hace unos días leí un artículo que celebraba Mary Poppins como una excepción feminista en la trayectoria de los clásicos de Disney; una mujer fuerte, independiente y decidida que, sorpresa, no era la mala. Pero no es lo único que la hace especial, en la película domina la niebla, el crepúsculo y una melancolía inusual en el mundo Disney. Pues bien, Al encuentro de Mr. Banks explica de dónde nace esa excepcionalidad.
En 1961 la escritora Pamela Lyndon Travers viaja a Los Ángeles desde Londres, a su pesar, para negociar los derechos del guión de Mary Poppins con el mismísimo Walt Disney, que lleva veinte años intentando cumplir la promesa que hizo a sus hijas: llevar a Mary a la pantalla. El personaje que ella creó en 1934 es «como su familia» y Travers se resiste a entregarla a la máquina de algodón de azúcar que es, a sus ojos, la empresa de Walt. Pero las deudas y su sequía literaria la obligan a ceder y realizar el viaje. Su llegada al mundo Disney provocará un aparatoso choque entre la austeridad y el exceso sentimental, el pragmatismo y la fantasía, Inglaterra y Norteamérica – choque este que, cuidado, se desvanece con el doblaje. Una antipatiquísima Señora Travers mortificará al equipo encargado de la creación de la nueva película para asegurarse de que en ningún momento su creación sea traicionada. Pero las objeciones de la escritora van más allá de lo literario, como nos muestran los flashbacks a su Australia natal, donde su historia familiar se va revelando más difícil de lo que parece en los primeros planos. Walt Disney, que esperaba que Pamela cayera rendida a la magia del mundo que ha creado, acaba obsesionado con descifrar la resistencia de su invitada.
Dirigida por John Lee Hancock, familiarizado con los cuentos por haber escrito en los últimos años el guion de Blancanieves y la leyenda del cazador (2012) y de Maléfica (por estrenar), da la impresión durante la primera parte del metraje de dibujar la historia a trazos gruesos, como si de un personaje animado de los años cincuenta se tratara, con un guion que subraya hasta hacer evidente lo que tendría más interés quedándose en insinuación. La Señora Travers es inglesa, austera, seria y antipática. Constantemente. Sin posibles matices. El mundo Disney es infantil, bonachón y entrañable. Todos los miembros del equipo lo son. A cualquier hora del día. Incluso cuando se enfadan. Pero la producción cuenta con dos bazas que salvan esa simplificación: la estética de los primeros años 60, recreada con cuidado, que siempre hace disfrutar al espectador nostálgico de 2014 y, sobre todo, el talento mayúsculo de todos sus actores. Tom Hanks mantiene su extraordinaria habilidad para que su personaje caiga bien haga lo que haga, sin quitar mérito a su esfuerzo de emular la dicción de Walt Disney, los tics de su supuesto TDAH o la longitud exacta de su bigote. Emma Thompson, por su parte, es «prácticamente perfecta en todo»; a quien le parezca sobreactuada (como me pareció a mí) le recomiendo que espere al final de los títulos de crédito y escuche la grabación original de las tortuosas sesiones de revisión del guion con el equipo de Disney. Los actores secundarios son un regalo: Jason Schwartzman, Bradley Whitford, B. J. Novak, Colin Farrell y el magnífico Paul Giamatti, que encarna como nadie al mejor amigo que cualquiera pueda desear. Pero el aspecto simplón de la película se diluye también gracias al desarrollo de los personajes, que se desvelan más complejos y heridos de lo que plantean las primeras escenas, con situaciones familiares que pueden resultar demasiado dramáticas para los más pequeños.
Con una cuidada escenografía de época y una estética de historia infantil, Al encuentro de Mr. Banks plantea cuestiones inesperadamente profundas. La película Mary Poppins no solo es excepcional por su protagonista, también lo es por su antagonista: no hay malo. O, más bien, el malo de la película es, simplemente, la dureza de la vida que convierte en tirano a quien solo quiere ser libre. Y este es también el fondo de nuestra película: el mal que uno sufre en la vida y la posibilidad de curarse de las heridas del pasado. ¿Podemos liberarnos nosotros solos, con un simple truco? ¿Debe la fantasía, la literatura, ayudarnos a entender el mal o bien borrarlo del mapa para permitirnos descansar?
Por último, es interesante releer el discurso que recita Tom Hanks al final de la película sobre salvar a Mr. Banks (como reza el título original, que la traducción traiciona) como una explicación de la propia cinta, que sería a su vez un intento de salvar la figura del propio Walt Disney de las diversas acusaciones que manchan su imagen actualmente: misógino, racista, antisemita… Quizás porque, siguiendo su razonamiento, necesitamos poder recordar como héroes a quienes fueron tan imperfectos como nosotros – pero dejándonos por el camino la complejidad humana.
Lupe de la Vallina
Ficha técnica:
Saving Mr. Banks
EE.UU-Australia-Gran Bretaña, 2013
Director: John Lee Hancock
Intérpretes principales: Emma Thompson, Tom Hanks, Paul Giamatti, Jason Schwartzman, Bradley Whitford, B. J. Novak, Colin Farrell
Duración: 125’