Argo

Argo

Público recomendado: Jóvenes

En 1998, dos jóvenes actores, el bostoniano Matt Damon y el californiano Ben Affleck, ganaron el Oscar al mejor guión original por “El indomable Will Hunting”, de Gus Van Sant. Después, el primero se consolidó como uno de los mejores intérpretes de su generación, mientras Affleck debía conformarse con filmes menores y opiniones más bien frías de la crítica. Hasta que en 2007 el californiano debutó tras la cámara con “Adiós, pequeña, adiós”, tenso thriller de poderosa factura visual y excelentes interpretaciones. Tres años más tarde, Affleck confirmaba sus cualidades como director en “The Town (Ciudad de ladrones)”, otro thriller de alto voltaje dramático. Ahora se consolida definitivamente con “Argo”, angustiosa intriga diplomática con George Clooney como productor. El sólido guión del neoyorquino Chris Terrio se basa en alucinantes hechos reales, relatados en el artículo “Escape from Tehran”, que Joshuah Bearman publicó en la revista “Wired”. La acción se inicia el 4 de noviembre de 1979, cuando la revolución islámica iraní del ayatollah Jomeini alcanza su punto álgido. Ese día, cientos de fundamentalistas irrumpen en la embajada de Estados Unidos en Teherán, y apresan a cincuenta y dos ciudadanos estadounidenses. Durante el caótico asalto, seis diplomáticos logran escapar y refugiarse en la casa del embajador canadiense. Sabiendo que es cuestión de tiempo que los encuentren, Tony Mendez (Ben Affleck), un agente de la CIA especialista en operaciones especiales, urde un arriesgado plan para sacarlos del país de forma segura. Se trata de hacerlos pasar por cineastas canadienses, que viajan por Irán en busca de localizaciones para una película de ciencia-ficción. Así que la CIA contrata los servicios de un veterano productor de Hollywood, Lester Siegel (Alan Arkin), y del famoso maquillador John Chambers (John Goodman), con el encargo de que rescaten del olvido un viejo guión y lo pongan en marcha. Todo ello, en un tiempo récord.

Magníficamente ambientada, rodada con vigorosa precisión, montada con un ritmo de intensidad creciente y eficazmente arropada por la sugerente banda sonora de Alexandre Desplat, la película propone un sabroso cóctel de intriga policial en plan “Syriana”, parodia sobre Hollywood al estilo de “La cortina de humo”, drama intimista a lo “Un dios salvaje” y denuncia política con el aire documental y setentero de Costa-Gavras. En realidad, este último referente se aprecia sobre todo en el arranque del filme, muy crítico con la intervencionista política internacional de Estados Unidos y sus aliados occidentales. Después, ese tono reivindicativo se va diluyendo poco a poco hasta un desenlace descaradamente patriótico y peliculero, sin duda, lo más convencional del filme. Los demás elementos están muy bien dosificados, de modo que deparan unos cuantos momentos de gran intensidad emocional, dramática o cómica, en los que todo el reparto muestra su alto nivel, sobre todo los veteranos Alan Arkin, John Goodman y Bryan Cranston. Quizás el más plano de todos los actores sea precisamente Ben Affleck, aunque su permanente y sobria inexpresividad le va bastante bien a su enigmático personaje. Queda así una potente producción, en la mejor línea del Hollywood actual, que seguramente se haga un hueco en los Oscar de este año. J. J. M

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