Crítica
Público recomendado: +16

Amores brujos es un documental en honor al gran compositor que fue Manuel de Falla y su amistad clave con María de la O Lejárraga. En 81 minutos su directora, Lucía Álvarez, también actriz principal como Lejárraga, hace un repaso por la vida de Manuel de Falla, nombrando gran cantidad de personajes históricos relevantes y haciendo un repaso histórico por la España del siglo XX. El relato busca mezclar ambos mundos: el teatro de María Lejárraga y la música de Manuel de Falla.
Cuenta con actuaciones musicales de la mano de grandes músicos como Rosa Torres Pardo o Cañizares, bailaores y cantores como Israel Fernández o Carmen París, que acaban tomando un mayor protagonismo que la interpretación teatral. Con un escenario e iluminación que adapta sus colores a cada pieza, resulta de un gran atractivo visual y musical.
Por otro lado, el guion interpretado por Lucía Álvarez, aunque de bellas palabras, no resulta verosímil. Su interpretación queda por debajo de la de su compañero Jesús Barranco interpretando a Manuel de Falla. Cuando la dirección y actuación principal van de la mano pueden dar como resultado obras audiovisuales de gran calidad, véase Clint Eastwood en gran cantidad de sus películas, como Gran Torino (2008), o el caso de Elena Martín en Creatura (2023). Sin embargo, en este caso, tal vez habría sido más acertado encontrar a una actriz protagonista para que Álvarez pueda enfocarse únicamente en la dirección.
Cabe señalar la consciencia existente en esta producción española, pues uno de los elementos que llaman la atención del espectador nada más comenzar la película son los subtítulos para personas con discapacidad auditiva, asignando a cada personaje un color correspondiente en las letras. Sin duda, una característica digna de mención.
Los créditos del final, una sección importante si se es amante del cine, reflejan la sensación que mantiene el espectador durante el visionado: que las protagonistas de la historia parecen ser la propia Lucía Álvarez y la pianista Rosa Torres Pardo. Aparecen de manera constante en toda la pieza para terminar con un vídeo de ambas que da fin a la obra audiovisual.
Adriana Cembrero Galiano