Bajo un volcán

Crítica

Público recomendado: +12

Llega a las salas nacionales lo nuevo de Martín Cuervo, una película que mezcla amor y ética en el contexto de una catástrofe natural en Tenerife. No está basada en hechos reales, pero sí inspirada en la erupción de La Palma, por lo que, de partida, uno ha de aceptar las probables licencias creativas. Sin ir más lejos, Bajo un volcán evita la narrativa documental para construir un romance dentro de una historia original.

Es reseñable que la estrella internacional William Levy estrene interpretación en nuestro cine. Lo hace encarnando a Mario Torres, capitán de la Unidad Militar de Emergencias, mientras Maggie Civantos actúa como vulcanóloga. La trama nos sitúa al primero llegando a Tenerife cuando la erupción parece remitir, pero será Dani quien detecte un peligroso patrón de reactivación. Atrapados entre evidencias científicas y burocracia, ambos forjarán una pasión intensa con la amenaza volcánica de fondo.

La estética de la cinta huye cuanto puede de la colonización de la industria estadounidense. Menos dosis de Hollywood y más drama natural, con la isla como protagonista, dando importancia visual a la ceniza, los cielos encapotados y el juego de luces y sombras. La fotografía es uno de los puntos fuertes para dotar al filme de realismo, aunque contenido, eficaz. Es por ello que la música subraya sin exagerar, sumándose al resto de apartados técnicos y jugando a la tensión genuina, sin melodrama. Si nos fijamos, hay más plano sostenido que frenesí en el montaje, más diálogos de calado que eslóganes.

Por ello, el ritmo de Bajo un volcán es mesurado y la puesta en escena equilibra con virtud la acción y la observancia. Ciertamente, los elementos técnicos no destacan por su derroche, pero la dirección de actores hace bien su trabajo al descansar la importancia del conjunto en los personajes. Aplauso especial al retrato de los cuerpos de emergencia: un ejercicio de honestidad, autenticidad y, sobre todo, homenaje a la heroicidad en la sombra.

De entre todo lo que ocurre en los 90 minutos de la película de Cuervo, lo más notorio es el planteamiento de cuestiones como el sacrificio, la responsabilidad del grupo y la mano tendida al prójimo. Es importante darse cuenta de cómo se evita el sensacionalismo; la enjundia de todo esto es connatural a la gravedad de los sucesos, no se vende al morbo artificial. El peligro y la tensión del momento son tratados con el cuidado que requiere, siempre al servicio de una narrativa bañada por el drama y la trascendencia ante la destrucción. Se muestra con claridad el amor, pero más brillante es el valor de la entrega.

Bajo un volcán aparece fresco como drama romántico injertado en un escenario extraño como el de las catástrofes naturales. Una cinta justa en muchos aspectos, pero fuerte en los tres o cuatro pilares que la definen. Lo mejor está en la mirada humana hacia la fragilidad: miedo y esperanza en tiempos harto complicados.

Gabriel Sales

https://www.youtube.com/watch?v=RkBdOkQXDHQ&ab_channel=BetaFictionSpain 

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