Crítica
Público recomendado: +16
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Cuando Darren Aronofsky deja atrás sus trampas simbólicas y su obsesión interior, nos entrega Bala perdida, un thriller criminal con salpicaduras de humor negro que da ganas de frotarse las manos. La película apuesta por la adrenalina urbana, el vértigo narrativo y las zonas grises del alma.
Hank Thompson (Austin Butler) es un antihéroe cuyas heridas se ven, pero rara vez se explican del todo: ex jugador de béisbol, alcohólico, con un accidente que le persigue. Su caída (o su salto) al submundo comienza de modo casi inocente: cuidar al gato del vecino. Pero en esa jaula aparece una llave escondida, y con ella entra todo un ecosistema criminal: mafias rusas, policías corruptos, traiciones y sangre.
Aronofsky mira hacia afuera por primera vez en su cine, pero sin perder del todo su trazo personal. En escenas como persecuciones nocturnas, asaltos furtivos o cruces de disparos en bares mugrientos se ve el pulso de un cineasta acostumbrado a tensionar espacio y tiempo. La fotografía funciona como pulmón visual: claroscuros, neones nocturnos, ángulos incómodos.
Las escenas de violencia son explícitas y no se esconden: huesos rotos, sangre en primeros planos, cuerpos golpeados hasta la extenuación. No hay estilización épica, sino brutalidad seca. Esa fisicidad, cercana a lo insoportable, busca sumergir al espectador en la experiencia del caos, pero también puede saturar por acumulación.
El sexo aparece en momentos concretos: un encuentro casual en un bar que se convierte en cama rápida, mostrado con desnudos parciales y sin erotismo real, más bien con sordidez; y una relación más íntima de Hank, filmada con crudeza pero sin morbo, subrayando su fragilidad y su incapacidad de conectar del todo. Aronofsky no banaliza estas escenas, pero tampoco las eleva: están ahí como huellas de soledad y búsqueda torpe de afecto.
El corazón dramático de Hank —ese dolor, ese vacío— no siempre encuentra el hueco que merece. Los villanos (o quienes podrían serlo) aparecen como caricaturas funcionales, sombras que cumplen su rol sin dar apenas sorpresa. Y el guion, aunque lleno de giros, a veces tropieza al anteponer el susto a la ambigüedad real.
En el paisaje contemporáneo del cine de género, Bala perdida no será la obra maestra definitiva de Aronofsky, pero sí su película más libre en años: un giro hacia lo imprevisible, con el riesgo que eso implica. Cine que sabe hacerte respirar entre el caos, aunque no siempre con la hondura que promete.
Gabriel Sales
https://www.youtube.com/watch?v=RiYlMuK_RQA[/embedyt]