Beast (La bestia)

Crítica

Público recomendado: +18

No hace mucho pudimos ver The Smashing Machine (Benny Safdie, 2025), el aceptable biopic del luchador Mark Kerr, figura clave en el origen de la UFC. Volvemos al terreno de la lucha, en este caso de la MMA (vaya lío de siglas), para asistir a otra historia muy distinta y, además, de ficción, aunque con un punto de vista muy interesante. Es la ópera prima del director Tyler Atkins y lo hace con buen pie.

Con la ayuda de su antiguo entrenador (Russell Crowe), un campeón de MMA retirado e invicto (Daniel MacPherson), regresa a la jaula para resolver sus problemas financieros.

Primer aviso: se ha procedido a recortar la sinopsis oficial ya que TriPictures, la distribuidora, ha introducido en ella un gigantesco destripe absolutamente absurdo que el espectador, cuando vea la película, agradecerá que aquí haya sido ocultado. Entre tráileres que dicen de más (no es el caso de este filme) y sinopsis demasiado sinceras (sí es el caso) vaya racha llevamos…

El director Tyler Atkins firma un metraje de 1 h 54 min que en ningún momento pierde interés, y eso es gracias al inteligente guion de David Frigerio (autor también del libreto de la estupenda Misión hostil (William Eubank, 2024)) y el mismísimo Russell Crowe que, además de ejercer de productor ejecutivo, se reserva un papel muy interesante. Resulta curioso que muchos participantes de Misión hostil repitan aquí, demostrando que el equipo funciona bien.

Frigerio y Crowe desarrollan una historia muy humana que se parece mucho a la de Cinderella Man (curiosamente también protagonizada por el actor): un boxeador retirado debe volver a los combates para poder hacer llegar dinero a un hogar en necesidad. Y aun así el guion que nos ocupa sabe entregar momentos originales poco previsibles (otros sí lo son, pero es inevitable en estas historias) y drama del bueno, con conflictos que realmente llegan al espectador. Se insiste en la importancia del trabajo físico con entrenamientos realmente realistas, pero sobre todo se pone el acento en la mente: “Respira para poder pensar y así poder ganar”; básicamente que, aunque las apariencias sean las que son, en estos combates también hay que usar mucho la cabeza para analizar fríamente y llegar a la victoria.

Guionistas y director critican también, muy de pasada pero de forma adecuada, esa necesidad de algunos deportistas de élite de tener una fachada de puertas afuera intentando parecer superiores a lo que realmente son. Todos somos humanos y todos sangramos si nos golpean, vienen a decir, por mucho dinero que tengamos o que queramos aparentar tener. Al final lo que realmente importa es lo que nunca falla: la familia, que siempre debe estar ahí.

En este sentido todo el reparto está muy bien, pero sobresalen Daniel MacPherson como protagonista y Kelly Gale como su mujer, quien discrepa de sus decisiones pero sabe ser su principal apoyo sabedora de que su marido no puede dejar de ser quien es ni lo que es. Cumple sobradamente también Bren Foster, con un trabajo físico impecable que recuerda mucho al de su trabajo en la serie The Last Ship. Sin duda es un rival a la altura del protagonista, lo que hace que ciertos combates brillen con luz propia, mucho tiene que ver el hecho de que Froster sea especialista de las artes marciales y sepa lo que hace.

Evidentemente, al tratarse de una película sobre combate, las escenas de lucha son muy violentas y no escatiman en detalles para hacernos sentir dentro de la contienda. No se llega al gore de sagas como Saw, no va de eso la cosa, pero no hay intención alguna en disimular la violencia y crudeza de esta disciplina. La pena, como siempre, es una blasfemia que se escucha en un momento, pero es muy liviana y apenas molesta.

Tyler Atkins logra así una ópera prima muy interesante, bien rodada y contada que no se limita a mostrar rivalidades y golpes sino que viene acompañada de mensajes muy positivos sobre el deporte, la mente, la familia, la constancia y el trabajo en equipo. Es solo para mayores de edad dada su violencia pero la disfrutarán mucho quienes busquen golpes con cabeza.

Miguel Soria

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