Cumbres borrascosas

Crítica

Público recomendado: +18

Una nueva interpretación y versión del clásico de la literatura británica romántica, esta vez dirigida por Emerald Fennell, en la que su interés principal se basa en los elementos más oscuros y obsesivos de la historia, describiéndolos incluso como “pseudomasoquistas”. Esta afirmación resume su ofrecimiento con una lectura distinta, contemporánea, incluso si eso implica incomodar a parte del público.

La directora ha optado por una narrativa cargada de una fuerte tensión sexual -brutal y procaz incluso- y ciertos anacronismos en el vestuario que aportan un enfoque inusual a la historia de Heathcliff y Catherine.

Desde su publicación en 1847, la novela de Emily Bönte fue considerada salvaje y tosca, pero más tarde fue reconocida como una expresión genuina y profunda del alma romántica. Pasión. Obsesión. Destrucción. La historia de un amor degenerado, que ahora en la propuesta de Fennell además deriva en hipererótico, herido en profundidad y sórdido.

Cumbres borrascosas escandalizó a sus primeros lectores con su retrato de una pasión intensa y arrolladora, tan elemental como los páramos de Yorkshire en los que transcurre la acción. La historia del amor imposible y transgresora de Catherine y Heathcliff se ha convertido en una de las más inolvidables de la literatura inglesa por su dinamismo dramático y su maestría en el arte de narrar, al estilo de las “matryoskas rusas”, de un personaje dentro de otro hasta casi el infinito.

Cumbres borrascosas representa el locus classicus de la novela romántico-erótica del castigador, que en lectura del siglo XXI (de Fennell) alcanza cotas sado-masoquistas con una frialdad que resta precisamente romanticismo.

La pasión mutua y perturbadora, esclavizante y no liberadora, que sienten Cathy y Heathcliff se haya convertido en sinónimo de la aventura amorosa arquetípica; pero en realidad es una relación casi incestuosa, carente de erotismo y más Romántica (del Romanticismo como movimiento cultural) que romántica (sinónimo de sentimentalismo) que amenaza con destruir la identidad individual.

El relato trae consigo incesantes tensiones entre el sueño y la realidad, entre el yo y el otro, entre lo natural y lo sobrenatural, entre el realismo y el melodrama, entre la estructura formal y el caos emocional; pero las deja sin resolver. Las escenas de crueldad y el rechazo a la moral convencional extrañaban desde su publicación a todos, y repugnaban a otros. Igual o más que hoy.

Emily Brönte creó una figura tan polémica y enigmática como Heathcliff, un vengativo misántropo carente de humanidad y empatía excepto por su intrincado amor a Cathy, un amor perturbador, obsesivo, frustrado y desesperado que nunca llega a consumarse y que va más allá de la muerte física.

Es verdad que Cumbres borrascosas se entiende mejor en relación con la novela gótica de finales del siglo XVIII y con la obra de los románticos: el abismo de la naturaleza humana y de sus sentimientos desbordados en la sublimidad salvaje de los páramos de Yorkshire del Oeste. Allí se crea un mundo oscuro y apasionado de reclusión y tortura, fantasmas, imaginación y emoción. 

Aunque ahora se considera un clásico, la novela fue controvertida por sus descripciones de la crueldad mental y física, incluyendo el abuso doméstico, y por sus desafíos a la moral, la religión y el sistema de clases victorianos.

Cumbres Borrascosas ha dado lugar a muchas adaptaciones en el cine, desde 1939 hasta nuestros días, con esta aparente “guinda pseudomasoquista”, que muestra hasta qué punto puede estar herido de muerte el amor.

María Molina

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=h7YtVpb2cYY

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