De tal padre, tal hijo

De tal padre, tal hijo 

Público recomendado: Jóvenes

De entre los numerosos directores asiáticos que han conquistado Occidente, por esa mirada humanista que a menudo ha perdido nuestro cine, brilla con luz propia Hirokazu Kore-eda. Este cineasta, nacido en Tokio en 1962, nos ha dejado diversas películas que ofrecen una mirada profunda sobre el ser humano y sus relaciones de pertenencia.

Por poner algunos ejemplos, “Nadie sabe” (2004) indagaba duramente en la responsabilidad en las relaciones familiares; “Still Walking” (2008) planteaba las difíciles relaciones intergeneracionales; “Air Doll” (2009), más escabrosa, se centraba en el drama de la soledad; y “Kiseki (Milagro)” (2011) ensalzaba los vínculos de fraternidad. Ahora, en “De tal padre, tal hijo”, Kore-eda entra de lleno en las relaciones padres-hijos de una forma tan original como radical. La película ganado este año el Premio del Jurado y una Mención Especial del Jurado Ecuménico en el Festival de Cannes, y el Premio del Público en el Festival de San Sebastián.

Ryota Nomoniya (Masaharu Fukuyama) es un padre de familia adinerado y autosuficiente, que educa en el rigor y la disciplina a su hijo Keita (Keita Ninomiya), de seis años. Un día, su mujer Midori (Machiko Ono) y él reciben una llamada del hospital: Keita no es su hijo. Cuando nació, el hospital lo cambió por descuido con otro recién nacido. El segundo matrimonio damnificado es el contrapunto del primero. De condición humilde, Yukai (Yoko Maki) y Yudai Saiki (Lily Franky) mantienen como pueden a su numerosa prole, en un ambiente mucho más distendido, en el que los hijos juegan más y pasan mucho tiempo con su padre, incluido el revoltoso Ryusei (Shogen Hwang). Las antagónicas familias se reúnen para ver cómo y cuándo se realiza el intercambio de Keita y Ryusei.

El filme plantea un tremendo dilema en el que está en juego una forma no sólo de entender la educación, sino de entender la vida y sus escalas de valores. Como siempre, Kore-eda huye de los planteamientos simples, que cercenan las aristas de la vida. No hay nada ingenuo ni angelical, y el filme describe las carencias de los personajes, sus contradicciones, debilidades y egoísmos. La cámara trata de ser un testigo equidistante que no juzga a ninguno de los personajes. Pero, al final, siempre existe una posibilidad humana de dar un paso hacia adelante. Una película muy interesante, de ritmo y estética orientales, pero muy universal por las llagas en las que pone los dedos. Aire fresco en la era de la épica digital.

Juan Orellana

Alfa & Omega

 

Ficha técnica:

Director y guionista: Hirokazu Kore-eda.

Intérpretes: Masaharu Fukuyama, Machiko Ono, Keita Ninomiya, Yoko Maki, Lily Franky, Shogen Hwang, Jun Fubuki, Jun Kunimura.

Japón. 2013.

Género: Drama.

Duración: 120 min.

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