Crítica
Público recomendado: +15

Cuatro historias entrelazadas por un mismo concepto: la pérdida. La última obra de Sergio Amodeo es un viaje de la mano de personajes reales y genuinamente humanos. Basada en el conjunto de relatos homónimo del estadounidense David James Poissant, esta película de producción española-rumana cuenta con diferentes protagonistas.
Dividida en capítulos, “La nadadora” será el que nos introduce, junto a Raúl Arévalo y Paula Díaz, al mundo que crea Amodeo y su equipo: una visión pausada, cálida y verdadera de las relaciones humanas. Junto a “El fin de Darío” con Claudio Portalo y África de la Cruz y “El hombre lagarto” con Manolo Solo y Jesús Carroza, se construyen relatos muy diferentes que comparten la aceptación de la pérdida. Desde la discapacidad física, a la mental, pasando por la emocional… cada adiós tiene su forma y, sin embargo, cuán conectadas parecen entre ellas.
Además, el agua, presente en todas las historias, es un elemento que encarna la despedida, procesada por los protagonistas desde una calma sorprendente. En un proceso de amor y perdón, de aceptación y comprensión, toda historia culmina con una pérdida, con el relato de Arévalo y Díaz como protagonista. Es una oda al amor, a la gente que está a nuestra vera y a la muerte como parte esencial del vivir.
El exquisito uso del color y unos encuadres que mezclan planos frontales de los personajes dota a la historia de cierto aire “de cuento”, dotándolo una fantasía que encaja a la perfección con el origen: no deja de ser una adaptación de la literatura.
Cargada de gran cantidad de metáforas, la película dota a los animales de gran protagonismo, colándose en la historia como un personaje más: mosquitos, abejas… “¿Compartiremos cielo con los animales?” se pregunta María (Paula Díaz). Ojalá todo el mundo contara en su vida con una persona como ella, que responda a la pregunta “no te vas a morir, ¿no?” con un “nunca”.
Adriana Cembrero Galiano