Crítica:
Público recomendado: Mayores de 7 años
Comenzado a rodar por Stanley Kubrick, después de que Brando le despidiera del rodaje el propio actor se hizo cargo del rodaje. Todo lo atípico de la historia comienza por ver a Brando protagonizando un western en el que, como todo lo que hacía, brilló con luz propia aunque no sea su entorno más natural. Junto a él, el excelente y excesivo Karl Malden, que completa un reparto único. Se trata de un western atípico, fantasmagórico casi, que Brando rodó a su mayor gloria ya que se excede en su vocación narcisista , pretenciosa y abstracta. Con todo, por infinidad de motivos, acaba funcionando. Premiada con la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, fue el primero y último largometraje dirigido por Brando que firmó una película atípica, barroca, inclasificable casi. Una historia de venganza única. Paradójicamente, la cinta no gozó de mucho éxito ya que no sería hasta la llegada del spaghetti western y Sergio Leone en el año 64 que el género no recobraría la popularidad de los de los años 50, ni tampoco su esplendor. A partir de entonces serían oscuros, pesimistas y crepusculares, aunque se realizaran, bajo esas premisas magníficas obras. Brando entró en un relativo declive a partir de esta película que sólo recobraría una década después con El Padrino.