Frontera

Crítica

Público recomendado: +7

En “Informe general sobre unas cuestiones de interés para una proyección pública” (1977), de Pere Portabella, se escucha a Felipe González, en una conversación con Tamames y el lider del PSC, decir lo siguiente: “…Incluso a nivel popular, Franco no existe ya. No existe. En la conciencia popular ha desaparecido. La gente vive mucho más de cara al futuro que de cara al pasado. Creo que sería un error hablar del franquismo sin Franco”.

Cincuenta años después de su muerte no puedo decir si, en ese momento, tenía razón o no, pero lo que está claro es que sería imposible, si se quiere ser veraz, pronunciar esas palabras actualmente.

“Frontera”, dirigida por Judith Colell, es un largometraje correcto a nivel puramente formal, pero profundamente simplista y panfletario en su contenido. Un artefacto pueril, plano, propagandístico y maniqueo al servicio del poder.
La película narra la historia de un pueblo español en la frontera con Francia que empieza a detectar, en 1943, que una cantidad notable de judíos quiere abandonar Francia y pasar a España huyendo de la barbarie nazi. Ante esta situación, un funcionario aduanero, Manel Grau (Miki Esparbé), un republicano resentido consigo mismo por haber desertado, decide desobedecer la orden, recientemente recibida, de no dejar traspasar la frontera. Para lograrlo, cuenta con la ayuda de un pasador francés, Jerôme (Kevin Janssens), y Juliana, una vecina del pueblo. Los tres deben contar con la indispensable ayuda de un guardia civil corrupto y zafio, Sánchez (Asier Etxeandia), que sólo está dispuesto a permitirlo a cambio de beneficiarse del contrabando. Encontrarán un obstáculo en el alcalde del pueblo, Ovidi (Jordi Sánchez), un arribista cuya única intención es medrar a partir de su complicidad con los nazis.

 

Debemos situar esta cinta, producida por RTVE y la televisión catalana, en el contexto del programa que el gobierno ha presentado en el 50 aniversario de la muerte de Francisco Franco: “España en libertad. 50 años”.

Pretende ser una especie de denuncia histórica con resonancias en la actualidad llegando a equiparar el asunto tratado con uno de los problemas más importantes de nuestro tiempo: la inmigración masiva.
A nivel histórico no tiene en cuenta la complejidad del asunto tratado y tampoco es justa con los hechos. Debemos recordar, no sólo que hubo varios funcionarios de la España de Franco, el más famoso fue Sanz Briz, que salvaron judíos bajo el amparo de la Iglesia (es esencial el papel que tuvo el nuncio Angelo Rotta), sino que en el mismo año en el que se ambienta la película pasaron por la frontera miles de refugiados que pudieron ser salvados. El cierre de la frontera sólo se produjo un tiempo a finales de marzo.

A nivel de denuncia moral, es un “totum revolutum” en el que se pretende introducir, políticamente, todo en el mismo saco bajo la palabra mágica más utilizada de los últimos cincuenta años en el debate público: “fascismo”.

En definitiva, un producto sistémico, manipulador y carente de matices que sería digno de mayor indignación si no fuera tan mediocre.

Alejandro Matesanz

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