Crítica
Público recomendado: +18

El director Lino Escalera nos regala otra de sus interesantes propuestas. El ya conocido participante del Festival de Málaga, donde arrasó en 2017 con No sé decir adiós, regresó a la sección oficial para preestrenar Hamburgo, su segundo largometraje, que llega tras varios años dedicado a series y cortometrajes. El cineasta madrileño escribe y dirige un thriller transparente, directo y absolutamente incómodo sobre la trata de mujeres, con un reparto comprometido encabezado por Jaime Lorente.
Nos adentramos en los sombríos márgenes de la Costa del Sol y observamos a Germán, un hombre sumido en la ruina y sin rumbo aparente, que sobrevive a duras penas como chófer en una red de prostitución liderada por un viejo conocido. La cinta explora el día a día del protagonista, encargado del traslado de las chicas de alterne, entre las cuales se encuentra la joven rumana Alina, que intentará escapar de su esclavitud y de la espiral de violencia y maltrato.
Hamburgo destaca visualmente por su crudeza; Escalera afianza el filme con un realismo seco y directo al grano, sin adornos ni edulcoramientos. Por ello, la puesta en escena es agónica y claustrofóbica, sustentada en todo momento por una fotografía que se nutre de la suciedad y el neón de la noche. Estos elementos hacen de la Costa del Sol un protagonista más de la trama corrupta, una especie de rompecabezas que priva de esperanza a la inocencia. El guion es afilado, no pretende agradar a nadie, sino mirar directamente al monstruo de la injusticia. La escritura es efectiva y nunca efectista, y encuentra su sentido en los silencios, las miradas y las consecuencias de las palabras. Es importante destacar el enorme trabajo de un reparto que, sin ser de talla sublime, está comprometido como pocos. Especial mención a la contención de Jaime Lorente, con un personaje que huye del cliché, y a Ioana Bugarin, que mezcla debilidad y determinación de manera sobresaliente. El problema es, quizá, lo desdibujado de algunos secundarios.
Desde una perspectiva personalista, podríamos apreciar cómo la película retrata la descarnada deshumanización de la persona. Más allá de la implícita denuncia a la trata o de la complicidad de una sociedad acomodada en la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, profundiza en la medida de lo posible en el concepto del mal, sin abstraerlo de la realidad y dotándolo de forma y fondo concretos. En este punto es clave aclarar que la gran dosis de sexo y violencia responde a lo puramente documental; son piezas clave para aterrizar la barbaridad del pecado cometido, lejos de alimentar el morbo o de decorar el suspense. Aun siendo compleja para según qué sensibilidades, todo responde a una reflexión amplia sobre la dignidad humana de los desechados sociales.
Hamburgo es una cinta hecha para incomodar. No es perfecta ni pretende alcanzar esas cotas. Vive de la honestidad y la urgencia de transmitir una realidad difícil de aceptar. Trasciende el thriller con una naturaleza de clamor ético y moral.
Gabriel Sales
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