Crítica
Público recomendado: + 7
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Los juegos de palabras y, sobre todo los giros argumentales, son algunas de las claves del éxito del universo creado por John Lasseter y Peter Docter, creador de la obra maestra Up o como decía mi hijo la película del abuelo que “vola”. Y es que Docter vende “la moto” de Pixar del siguiente modo, al resaltar lo que dijo el actor que ponía voz al protagonista de Soul: “Siempre he pensado que Pixar hace películas infantiles que los adultos pueden ver, y Soul es la primera película adulta que los niños pueden disfrutar”.
El caso es que Peter Docter cede los trastos a su heredero, Daniel Chong, que ha querido que esta historia sirva para saber ponerse en el lugar de otra persona. Esta producción parece que vuelve a las fuentes originales que hicieron grande a Pixar con películas como Wall-e, Toy Story 3 o Coco y, aunque no llega al nivel de éstas, se percibe que aspira a ellas.
El argumento de Hoppers es aparentemente sencillo, en el que vemos a una niña el papel de David, llamada Mabel que ama la naturaleza y que se enfrenta a una especie de Goliat como si fuera un personaje de Frank Capra en forma de un carismático especulador urbanístico que aspira a renovar la alcaldía. Pero, ¿dónde está la gracia? Pues en que los guionistas juegan al ratón y al gato con numerosas sorpresas totalmente inesperadas; y lo que parecía la típica película con mensaje político sobre ecologismo se convierte en una defensa de la naturaleza donde vemos que, a través de un diálogo sincero y fructífero, tendiendo puentes nunca mejor dicho, se dejan a un lado las pancartas ideológicas que muchos espectadores hubiesen imaginado.
Otro punto fuerte es que esta producción es un canto a la amistad y al valor de la comunidad que, unida, hace posible lo imposible, así como se percibe esa complicidad entrañables entre abuela y nieta, consiguiendo cautivar al espectador, ya que el nervio de la joven se funde con la calma de la anciana que en el silencio encuentra una gran paz interior. Por último, están logradísimos los guiños cinéfilos con un toque especial a Tiburón, a Los pájaros y a La invasión de los ladrones de cuerpos.
Víctor Alvarado