Jappeloup, de padre a hijo

Jappeloup, de padre a hijo 

Público recomendado: Jóvenes

En 1980, el francés Pierre Durand abandonó su prometedora carrera como abogado, y volvió a dedicarse en cuerpo y alma a su gran pasión: la cría, instrucción y montura de caballos para salto de obstáculos, en las que ya había destacado durante su juventud.

Apoyado por su padre el criador ecuestre Serge Durand (Daniel Auteuil), su esposa la ex amazona Nadia (Marina Hands) y la cariñosa moza de cuadra Raphaëlle (Lou de Laâge), Pierre lo apuesta todo a un joven caballo, Jappeloup, en el que casi nadie cree, pues es demasiado pequeño, rebelde e imprevisible, aunque goza de una portentosa capacidad de salto. Prueba tras prueba, el dúo progresa, gana campeonatos importantes y se impone en el mundo de la equitación. Pero, en 1984, jinete y caballo sufren un estrepitoso fracaso en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Entonces, Pierre toma conciencia de sus propios fallos y limitaciones, y se prepara a fondo para competir en las Olimpiadas de Seúl 1988.

Más de dos millones de espectadores han visto en Francia esta emotiva y vibrante película, basada en hechos reales, y que dirige con muy buen pulso el versátil cineasta canadiense Christian Duguay, responsable de entretenidos filmes de género —como “Hilo mortal”, “Asesinos cibernéticos”, “Caza al terrorista”, “El arte de la guerra” o “Riesgo extremo”— y de magníficas tv-movies, como “Juana de Arco” o “Coco Chanel”. En gran medida, la clave de la solidez de la película reside en su férreo guion, escrito por el actor y director francés Guillaume Canet (“Pequeñas mentiras sin importancia”, “No se lo digas a nadie”), que imprime a la trama un ritmo creciente, en el que las emocionantes competiciones deportivas —filmadas por Duguay con una tensa planificación— se enriquecen con el profundo retrato de todos los personajes y de sus afilados conflictos dramáticos. En este sentido, la película desarrolla una profunda, matizada y luminosa visión de las relaciones paternofiliales, conyugales y de amistad, así como del verdadero sentido de la competición deportiva. Todo esto, claro, facilita el lucimiento como actor de Canet —magnífico también como jinete— y del resto del sobresaliente reparto, sobre todo de la bella Lou de Laâge, que llena la pantalla cada vez que aparece.

Como la acción de la película abarca 20 años, a ratos decae un poco el ritmo del montaje de Richard Marizy. Sin embargo, el interés por la historia se mantiene gracias a las cualidades ya señaladas y al esmerado diseño de producción de Emile Ghigo, la preciosa fotografía de Ronald Plante y una inteligente selección de filmaciones de archivo. También ayuda mucho la épica partitura de Clinton Shorter, completada con unas cuantas espléndidas canciones de los años 80 del siglo pasado. En este sentido, “Jappeloup, de padre a hijo” tiene una factura más hollywoodiense que europea, en el mejor sentido de la comparación. Y, desde luego, es una dignísima heredera de otras películas de las últimas décadas sobre temas hípicos, como “El corcel negro”. “Belleza negra (Un caballo llamado Furia)”, “La leyenda de Silver Brumby”, “El hombre que susurraba a los caballos”, “Corriendo libre”, “Spirit: El corcel indomable”, “El caballo del desierto”, “Seabiscuit”, “Océanos de fuego (Hidalgo)”, “Héroe a rayas”, “Dreamer”, la saga “Flicka”, “Ruffian”, “La leyenda de Moondance Alexander”, “Secretariat”, “War Horse (Caballo de Batalla)” o “Amazing Racer”.

Jerónimo José Martín

Ficha técnica:

Director: Christian Duguay.

Intérpretes: Guillaume Canet, Marina Hands, Daniel Auteuil, Lou de Laâge, Tchéky Karyo.

Francia. 2013.

Género: Drama.

Duración: 130 min

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