Público recomendado: Adultos
En Joven y bonita el guionista y director François Ozon (Ricky, Mi refugio, Potiche, mujeres al poder”, En la casa) describe el disfuncional y algo ilógico despertar sexual de Isabelle (Marine Vacth), una chica francesa de 17 años. El relato está dividido en cuatro episodios que se corresponden con las cuatro estaciones del año y cuatro canciones distintas. En verano Isabelle pierde la virginidad con un alemán con el que apenas había salido un par de veces, una experiencia fría, meramente carnal y nada emocional que obviamente no resulta gratificante para la protagonista. Después, en otoño observamos cómo de la noche a la mañana la chica se ha convertido en prostituta de lujo a espaldas de su familia. Tras un cúmulo de encuentros sexuales en los que observamos la constante degradación de la joven, la única conexión real que Isabelle experimenta es con Georges, un sesentón que muestra interés por ella no solo como objeto de placer sino también como persona. En una de sus citas, Georges muere mientras hacen el amor y la profesión oculta de Isabelle es descubierta por la policía y por extensión por su madre (Géraldine Pailhas).
Así, en invierno, la chica debe abandonar su doble vida y se enfrenta a las preguntas de la policía que investiga el caso, a las de su madre, y a las del el psicólogo que comienza a tratarla, quienes desean conocer las razones que le habrían llevado a escoger un camino tan peligroso y radical para tener experiencias sexuales. Existe un especial empeño por parte de la madre por que la adolescente se sienta culpable de lo que ha hecho. Isabelle aparentemente no demuestra un ápice de arrepentimiento y esto enerva y resulta más preocupante para su progenitora que descubrir cuáles son las carencias que su hija presenta como persona y que le han llevado a adoptar esa actitud.
Por otro lado, Ozon no solo no desvela las razones por las que una joven como ella decide tomar una decisión tan extrema, sino que también trata de desmontar cualquier indicio de motivación que la chica pudiera presentar (cantidades ingentes de dinero rápido y “fácil”, falta de amistades profundas, llamar la atención de su acomodada y confusa madre, la búsqueda de su padre ausente en unos clientes todos adultos). Esta opción nihilista de su guionista y director resulta una alternativa contraproducente, ya que requiere un excesivo esfuerzo para aceptar que la adolescente simplemente toma esa decisión y es complicado conectar con la protagonista.
En primavera Isabelle empieza a actuar como un adolescente normal que acude a fiestas con su amiga y se relaciona con un chico de su edad. Parece llevar una vida más o menos normal, pero desconcierta de nuevo al dejar a su novio con una tremenda frialdad después de un afable desayuno en familia. Finalmente, tendrá un extraño encuentro con la viuda de Georges (Charlotte Rampling) que parece ser revelador para la chica, pero que resulta demasiado abrupto y ambiguo como para encontrarlo esperanzador.
Así, la película no es más que una muestra de las consecuencias de la debacle narcisista y nihilista en la que puede verse envuelta la juventud actual. Una debacle que los padres (en este caso, la madre y el padrastro de Isabelle) tratan de atajar con meras prohibiciones y distracciones y no solucionar de raíz. Lo que se precisa es el verdadero diálogo con una adolescente desorientada que parece solo ser consciente de su despertar sexual y genital y que, aunque su guionista y realizador se empeñe en ocultarlo, sufre importantes carencias en su dimensión afectiva, fruto sin duda de una educación sexual nada integral y de la ausencia de referentes sólidos y positivos.
Larissa I. López
Jeune & jolie.
Dirección y guion: François Ozon.
Género: Drama.
Interpretación: Marine Vacth (Isabelle), Géraldine Pailhas (Sylvie), Frédéric Pierrot (Patrick), Fantin Ravat (Victor), Charlotte Rampling (Alice).