Crítica
Público recomendado: +16
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Generalmente solemos conectar con esos personajes cuyos injustos destinos parecen haber sido escritos de antemano y que intentan bien ascender en un duro mundo o bien recuperar algo que les fue arrebatado sin que pudieran hacer nada. Jugada maestra, de John Patton Ford, es un buen intento de ello aunque le falta un “algo más” para lograr lo que buscaba.
Becket Redfellow es el heredero repudiado de una familia obscenamente rica. Para recuperar la fortuna que le fue negada al nacer, llevará a cabo un ambicioso plan: eliminar a los siete familiares que se interponen en su camino, incluyendo a su propio abuelo. Aunque también tendrá que lidiar con la complicada relación con Julia, su primer amor.
La premisa es interesante ya que consiste justamente en lo que decíamos al principio, y tal y como está contada y a juzgar por los tráileres, debería tener un ritmo frenético y muchísimo humor negro con estilo. Pues bien, John Patton Ford dirige lo que en realidad es un remake de Ocho sentencias de muerte (Robert Hamer, 1949) y pone en pantalla a un fantástico plantel de actores liderado por Glen Powell, Margaret Qualley, Jessica Henwick y el siempre agradecido (aunque muy breve en esta ocasión) Ed Harris para contar esta fábula que intenta mezclar comedia y drama con un tono a veces divertido y otras serio. Y hay que reconocer que Powell sigue mostrando que puede ser una gran estrella en el terreno del pícaro con sonrisa encantadora que oculta segundas intenciones, se lo pasa en grande con su personaje y lo lleva bastante bien.
El problema es que el filme no da con el tono acertado y se toma demasiado en serio a sí mismo. No queda claro si es un drama con tintes de comedia o una comedia con momentos dramáticos, lo cual juega muy en su contra. Sí, su plan es descabellado y hay momentos de cortes bruscos que arrancan la carcajada al más puro estilo Destino final (por fortuna sin el gore de esta saga), pero luego llegan momentos demasiado serios que te hacen plantear si las risas de antes eran correctas. Y nuevamente otro momento divertido que te hace replantear si el de antes era demasiado serio.
Y aun así hay varios aciertos en la historia, empezando por el muy acertado ‘sí a la vida’ de la madre del protagonista, quien a pesar de las trágicas condiciones de su embarazo y de estar casi del todo sola decide seguir adelante. Y continuando por fortísimas y merecidas críticas a los multimillonarios desnortados que caen en los peores vicios y lamentables comportamientos por creer que por el hecho de “nadar” en dinero están por encima del bien y del mal. Hay también un divertido juego de ratón y gato entre Powell y Margaret Qualley que algunos verán exagerado pero el que escribe estas líneas no lo ve así para nada, de hecho hace realidad la genial canción de Fito y Fitipaldis ‘Soldadito marinero’. El resto debe descubrirlo el espectador al ver la película. Por último, hay una mirada a la fe con la constante presencia de un sacerdote, aunque su clímax se queda como el resto de la película, muy a medio gas.
John Patton Ford está lejos de ser brillante con su nueva película y al respetable le quedará la sensación de que podía haber dado más de sí todo, pero entrega un ligero divertimento salvado por los pelos por un estupendo reparto. Adolescentes y adultos la pueden disfrutar, no así la familia entera y los niños.
Miguel Soria