La casa de Jack

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Ficha técnica

Título original
The House That Jack Built
Director
Lars von Trier
Géneros
Drama, Terror, Crimen, Suspense
Resumen
Estados Unidos, década de 1970. Seguimos al brillante Jack durante un período de 12 años, descubriendo los asesinatos que marcarán su evolución como asesino en serie. La historia se vive desde el punto de vista de Jack, quien considera que cada uno de sus asesinatos es una obra de arte en sí misma.
País
 Dinamarca,   Francia,   Alemania,   Suecia
Duración
2 h 32 min
Fecha de lanzamiento
8 octubre 2018
Actores
Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman, Siobhan Fallon Hogan, Sofie Gråbøl, Riley Keough, Jeremy Davies, Jack Mckenzie, Mathias Hjelm, Ed Speleers, Emil Tholstrup, Marijana Jankovic, Carina Skenhede, Robert Jezek, Osy Ikhile, Christian Arnold, Yoo Ji-tae, Johannes Bah Kuhnke, Jerker Fahlström, David Bailie, Robert G. Slade

Crítica

Público Recomendado: Adulto

Soberbio intelectual, anti-moralista, transgresor. Su filosofía es defenestrar toda idea lógica de la concepción del arte y el buen hacer del cine.

No tiene problema con que la crítica dilapide su obra, goza cuando el público huye de las salas de cine aterrorizada, con mal estar, sintiendo ganas de vomitar. Persona non grata, pero con gusto por ser aborrecible. Lars von Trier nunca ha sido plato de mi gusto, para que andarnos con prolegómenos y vacilaciones. Salvo Dogville, Europa y Bailar en la oscuridad, considero que el resto obras tienen el mismo sentido de partida que el de vuelta: el sentimiento narcisista, de gustarse a uno mismo tanto que se permite el lujo de sermonear a los espectadores. Porque nosotros somos una pobre audiencia a la que instruir, porque estamos pervertidos por la cultura occidental de masas y no tenemos idea de arte. O lo que para von Trier es el arte. Deja en patente clarividencia su repugnancia por la crítica de cine especializada, por ello que mejor que demolerla con obras que las pongan a prueba: una crítica negativa es una victoria en su vitrina de trofeos. La casa de Jack será su trofeo más valioso en años; una obra que, en palabras del director danés, le ha costado media salud mental, un tonteo prolongado con el alcoholismo y la depresión.

Al principios de 2017, von Trier anunciaba el inicio de este proyecto con una imagen del mismo, vestido de segador, de espaldas con la mirada vuelta para mirar fijamente a la cámara. En sus manos, una enorme guadaña. La referencia a Vampyr de Carl Theodor Dreyer es obvia pero, ¿cuál es el mensaje? ¿Qué quiere decirnos el loco danés? Nadie podrá sacarme de esta idea: La casa de Jack es una autobiografía, un recorrido por la vida artística de von Trier. Un recorrido tortuoso, malsano, depravado, autoindulgente, enfermizo hasta la médula, provocador, terrorífico… Eleva el nivel de “una película de von Trier” a la quinta potencia. Pero, ¿cómo se odia una película así? ¿Cómo odiar a un ser tan sincero, tan machacado por su propia mente? “El artista que bajo a los infiernos para buscar la genialidad y traer la gloria la mundo terrenal”.

La historia es sencilla: Jack cuenta a Verge los cinco asesinatos que más han marcado su vida en un transcurso de 12 años. “En ti mismo está el cielo y el infierno” decía el poeta Omar Khayam, muy parecida a la idea que tiene el personaje del ser humano y su vinculación con el arte: la destrucción como materia prima para la creación. De lo muerto también puede nacer vida; distinta a lo que era en un principio, pero sigue siendo vida. Entre ideas de William Blake y referencias artísticas como Delacroix, von Trier reflexiona su propia obra, su relación con la audiencia, con los críticos y con el cine en general: él es un maltratador, un loco que golpea el arte hasta deformarlo en algo acorde a su visión. Todo ello, claro, mezclado con imágenes de sus obras anteriores, algo que acentúa aún más la sensación de biográfica. Sin embargo su visión va mucho más allá, más incluso de lo que espectador medio podría estar preparado para experimentar de una cinta de von Trier. La violencia es terrible, explicita, sin cortarse un pelo, pero aún más terrible puede ser su atrevida visión del arte, la idea que subyace tras la trama. A von Trier se le ha acusado de misógino, de sádico y recreativo… pero, al final, ver esta obra sin conocer la obra anterior del cineasta es como pretender contar el conflicto árabe-israelí conociendo los hechos que ha sucedido en los últimos 5 años. Detrás de toda esa aglomeración de violencia existe una tesis, interesante, que merece ser estudiada y vista en profundidad. Pero von Trier no puede evitar ser von Trier, y abusa de lo mismo que abusó en Nymphomaniac: la necesidad patente de demostrar quién le está hablando a quién; quién es el espectador y quién el director. No diría que la obra es tediosa, sino cargante, obcecado en demostrar que él no es un genio simplemente porque algunos lo digan: sabe que es un genio, y no necesita que nadie se lo diga. Y no soy quién para decir lo contrario, porque Dogville solo podría ser obra de una mente privilegiada. El dogma 95 ha muerto; fue algo que tuvo su momento e insistir no lleva a ningún lado, a pesar de mantener algunos códigos que regían su creación. Esta etapa es más cercana a Anticristo o Melancholia.

Un punto y aparte merecen los último veinte minutos, donde veo yo está la auténtica provocación del loco danés, donde deja patente su papel en el cine y el rol que este le da en mundo del celuloide. Alucinógeno y (eso sí) visualmente bestial, con trabajo de imaginería técnica y teórica realmente impresionante.

En conclusión: ¿recomendaría usted una película de von Trier? o, aún mejor, cuando alguien le recomienda una película del director, ¿siente repulsión o atracción? ¿Morbo o recelo? ¿Curiosidad o cautela? En función de estas cuestiones que deberá hacerse unos mismo diré si la película es recomendable o no. Hasta entonces, me acojo a la tierra neutral de los que todavía deben digerir el material que acaban de engullir. Recomendable si es del gusto de obras como Henry: Retrato de un asesino (John McNaughton, 1986) u Ocurrió cerca de su casa (Rémy Belvaux,  André Bonzel,  Benoît Poelvoorde, 1992), pero mucho más inmisericorde.

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