La herida

La herida 

Público recomendado: Adultos

Es necesario y loable sensibilizar a la sociedad mediante el cine, pero no conviene cargar las tintas y ahogar al público inundándole con una sunami de emociones que anulen su juicio y emboten su sensibilidad. Algo de esto pasa en La herida, del nóvel en largometrajes Fernando Franco, que cuenta con la excelente actuación de Marian Álvarez para sojuzgar sentimentalmente a los espectadores.

 

Ganadora del Premio Especial del Jurado en el último Festival de Cine de San Sebastián, La herida nos muestra el inmenso dolor de Ana (Marian Álvarez, Siete vidas y otras series de televisión), que sufre graves problemas de relación, especialmente fuera del trabajo. Persona ciclotímica, dada a arranques inmotivados de ira percibe la imposibilidad de convivir con su madre, su novio y amigos a los que les exige más de lo que pueden darle: la felicidad, el descanso de su corazón.

Con continuos primeros planos de Ana y con una profundidad difusa de campo, que nos resalta el drama y la soledad de la protagonista, Franco nos encadena a ella para acompañarla en su infierno particular, cada vez más profundo. Pero el director, también guionista con Enric Rufas, no nos dice nada que nos descubra la enfermedad de Ana. Lo hace en la ficha técnica del filme, al definirla como Trastorno Limite de la Personalidado Síndrome de Borderline y en la que expone que han hecho la película para sensibilizar a la sociedad sobre un mal que padecen en España un dos por ciento de personas.

Este planteamiento, además de ralentizar en algunos momentos la cinta, no deja crecer al personaje para encontrar caminos sanatorios. La curación ni se plantea, incluso cuando Ana llega repetidamente a autolesionarse, y, cuando lo intenta en su círculo afectivo, es para pretender de ellos su adhesión en todo lo que les propone, por muy estrambótico que sea

Tanta atención para Ana, desequilibra el filme en ambos aspectos, a pesar de la increíble actuación de Marian Álvarez, que ha tenido que someter sus emociones a un auténtico código rojo en clave de tragedia. Precisamente, es lo que es La herida, una tragedia y no un drama como nos indica el género al que la han adscrito, en el que se vislumbra un final terrible temporalmente demorado.

La pericia de Franco en la planificación está más que demostrada en el montaje que, aunque lo ha hecho David Pinillos, no se habrá escapado a su profesionalidad, demostrada en más de veinte títulos en su haber, como No tengas miedo, Alacrán enamorado, Bon Appétit y Blancanieves. Aparte de Álvarez que camina con rotundidad en su papel, Franco se muestra solvente en la dirección de actores y la película, con algo menos de un millón de presupuesto en el que participan varias productoras de distintas autonomías, podría haber resultado más vistosa y realista y, también, más esperanzadora. La herida me recuerda a las antiguas campañas para sensibilizar y recabar fondos de niños africanos con el vientre hinchado por el hambre y llenos de moscas, cuya visión anulaba de antemano cualquier intento de ayuda económica que no pasara de un millón de pesetas. Con mucho menos esta herida tenía curación.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad