Crítica
Público recomendado: +18
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Verdad, Memoria, Dignidad y Justicia. Si hay que empezar con algunas palabras esta crítica, sin duda son estas, ya que a la execrable banda terrorista ETA se la venció como se la venció: con el incansable esfuerzo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en una constante colaboración y trabajo conjunto. Con sus tiras y aflojas, sí, pero se logró. Y con unos sacrificios personales gigantescos. Es lo que nos cuenta Arantxa Echevarría uniéndose a películas españolas de temática similar como El lobo o GAL y lo ha hecho magníficamente bien.
Tras pasar varios años infiltrada en los ambientes de la izquierda abertzale como una joven simpatizante más de la banda terrorista ETA, una agente de policía consigue lo que buscaba: ETA contacta con ella. Necesitan que aloje en su piso a dos etarras que tienen el objetivo de preparar varios atentados. A partir de este momento empieza la misión más difícil de su vida: ir informando a sus superiores mientras convive con dos terroristas que, si en algún momento sospechan de ella, no dudarán en asesinarla.
Es muy difícil ver y hablar con calma de una película así cuando se ha vivido en tu juventud y adolescencia con ETA en la sociedad y se recuerdan tantas cosas tan dolorosas como asesinatos y secuestros, pero otras tan alegres como detenciones, desmantelamientos y rescates; por ello vamos a hacer un esfuerzo. Lo primero es destacar la buena mano de dirección de Echevarría (que coescribe un muy buen guion con Amèlia Mora) para hacernos regresar a aquellos días. El esfuerzo de producción es sobresaliente: locales, carteles, coches, ropa, aparatos de vigilancia y un largo etcétera nos llevan a los años duros de la lucha contra los terroristas. Y luego están los muchos detalles del día a día, como esa policía abriendo su buzón cuidadosamente no sea que dentro hubiera una bomba, o tomando todas las precauciones posibles en el coche.
Pero si de algo hay que hablar maravillas y todas se quedan cortas es de dos nombres propios: Carolina Yuste y Luis Tosar. De él tenemos lo esperado, una altura de miras que no deja indiferente a nadie y una personalidad desbordante, sin duda de los mejores actores que ha dado el cine español. Pero es de ella de quien faltan las palabras ya que Yuste ofrece una interpretación que merece todos los premios a los que la puedan nominar, sólida y absolutamente creíble. Todos los demás están muy bien, sin embargo la película podría funcionar perfectamente solo con estos dos monstruos de la gran pantalla y no echaríamos en falta a nadie. La única pega es, como de costumbre en el cine español, la falta de dicción en unos cuantos diálogos (no de los protagonistas) que se hacen casi ininteligibles.
Y luego está la temática, dura como ella sola, especialmente para los que recordamos esos años. Es de recibo reconocer que puede hervir la sangre al escuchar ciertas proclamas, ver ciertos carteles y, por supuesto, al asistir a recreaciones de las monstruosidades que hicieron esos asesinos, pero luego respiras tranquilo cuando te das cuenta de que se muestran cosas duras sin recrearse en ellas, solo lo básico para que recuerdes o sepas qué ocurrió. Muy elegante y agradecida esa elipsis en un momento íntimo, con un fantástico plano de los vúmetros moviéndose. No hace falta mostrar más para saber qué ocurre ahí. Y qué decir cuando la vida ha empezado dentro de un personaje y no hay espacio para pensar en soluciones fatales para ese nuevo ser. Lo único que vale es seguir adelante. Entre tanto horror, la alegría de la vida.
Obviamente el lenguaje es muy, muy soez, con muchas blasfemias, pero no vamos a negar lo evidente: en la lucha contra ETA ni los terroristas y ni los policías decían precisamente piropos. Tampoco es cómodo ver los tiras y aflojas entre la Guardia Civil y la Policía Nacional cuando ambas tienen el mismo fin: proteger y servir, pero por fortuna ambas rindieron un excepcional servicio a la sociedad con inimaginables sacrificios que no conocemos y seguramente nunca conozcamos. Se merecen un reconocimiento y la película se lo da sin medias tintas.
La infiltrada no opta en casi ningún momento por la acción, ni falta que hace ya que se basta con las fabulosas interpretaciones de sus protagonistas y situaciones de tensión conseguidísimas. La idea es contar que a ETA se la venció con paciencia, perseverancia, inteligencia y mucho, mucho trabajo de investigación y seguimiento. Un largometraje muy necesario destinado sobre todo a los adultos pero conveniente para jóvenes, especialmente en estos días en los que la creciente distancia en años pone en peligro la Memoria.
Miguel Soria